lunes, 26 de junio de 2017

ARTURO JAURETCHE Y EL SER NACIONAL


  Arturo Martín Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901 en la localidad de Lincoln, provincia de Buenos Aires. Fue un destacado intelectual criollo, uno de los panegiristas más importantes de la cultura y el Ser Nacional. Crecido y marcado en un ambiente políticamente conservador por parte de su padre, su encuentro con Hipólito Yrigoyen, el 12 de septiembre de 1919 (en el marco de una reunión con estudiantes reformistas), lo marcó definitivamente en sus actitudes políticas.

  En 1920 se trasladó a Buenos Aires y continuó sus estudios recibiéndose de abogado. Con el advenimiento de la Década Infame participó en las luchas y conspiraciones radicales. Formó parte del frustrado alzamiento militar de 1933 realizado en la provincia de Corrientes y encabezado por los coroneles Roberto Bosch y Gregorio Pomar, siendo posteriormente encarcelado. El 29 de junio de 1935, y junto a destacadas personalidades como Homero Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Raúl Scalabrini Ortiz y Manuek Ortiz Pereyra fundó FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), una línea interna nacionalista yrigoyenista dentro de la Unión Cívica Radical en abierta disidencia al oficialismo alvearista.

  Bajo el lema "somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre" FORJA esclareció sobre los mecanismos económicos del neocolonialismo, así como el comportamiento ilegítimo de las empresas y capitales extranjeros en la monopolización de sectores claves de la economía. FORJA denominó como "estatuto del coloniaje" al conjunto de medidas políticas, económicas y sociales llevadas adelante por los diferentes gobiernos de la Concordancia. En sus Cuadernos se criticaban las medidas del gobierno conservador del General anglófilo Agustín P. Justo, sobre todo a partir del ignominioso pacto Roca-Runciman de 1933. A su vez, que el Banco Central había sido fundado para que agiotistas ingleses controlaran el sistema monetario y financiero argentino, como así también que se había conformado la Corporación del Transporte para que los ferrocarriles británicos no tuvieran competencia. Con respecto a la política interior, aducían que el gobierno de Justo intervenía las provincias donde ganaban partidos opositores al gobierno, denunciando la pauperización del salario y el aumento de la desocupación.

  Con el advenimiento del peronismo FORJA se disolvió el 24 de febrero de 1946, considerando que Perón había inaugurado una política nacional y de recuperación de la soberanía contra el capitalismo extranjero. Jauretche valoró la experiencia peronista positivamente, a pesar de ciertas disidencias con Perón. Durante el primer gobierno peronista fue Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, desde donde promovió una política de apoyo a las empresas nacionales. Posteriormente renunció por disidencias con el nuevo equipo económico de Perón y se retiró a la vida privada. Tuvo una intensa participación en la resistencia peronista después del golpe militar que derrocó al Líder de los Trabajadores en 1955. Y desde su trinchera de resistencia cultural fundó el semanario El '45 para defender lo que consideraba los 10 años de gobierno popular, criticando duramente la acción política, económica y social del régimen de facto, pero fue clausurado al tercer número. Colaboró además en los Semanarios "Azul y Blanco" y "Segunda República", y la dureza de su oposición le valdría la persecución política y el exilio en Montevideo.

  La obra de Jauretche —y la de la intelectualidad forjista en general— fue uno de los ejes claves para la transformación del revisionismo histórico, en el sentido que pasó a repensarse como expresión de lo popular en un amplio sentido. Sus obras más destacadas fueron: El Plan Prebisch. Retorno al Coloniaje (1955); Los Profetas del Odio (1957), donde dio a entender cuál era la principal oposición al desarrollo nacional, vale decir lo que él denominaba “la intelligentsia liberal y cosmopolita”; Ejército y Política. La Patria Grande y la Patria Chica (1958); Política Nacional y Revisionismo Histórico (1959); Prosas de Hacha y Tiza (1960); FORJA y la Década Infame (1962); Filo, Contrafilo y Punta (1964); El Medio Pelo de la Sociedad Argentina (1966) y Manual de Zonceras Argentinas (1972).

  Al análisis de “zonceras” –difundidas desde la educación primaria y luego reafimadas por la prensa– dedicó muchas de sus más encendidas páginas y alegatos. Las veía como una pluralidad nacida de una “zoncera madre”, que no era otra que la dicotomía sarmientina de civilización o barbarie, identificando la primera con lo europeo y la segunda con lo propio americano. Sarmiento legó a los argentinos esa fatal dicotomía que condicionó intensa y prolongadamente la vida y el pensamiento del país, enseñando a denigrar lo propio. De ella surgieron otras, como aquella que reza que la extensión territorial es un mal, y que alimentó el plan de la Patria Chica que relegó al interior y no le importó perderlo, pues de lo que se trataba era de formular una política para Buenos Aires y sus alrededores, que ofrecían las condiciones necesarias para la nueva Europa con la que soñaban los liberales. La libre navegación de los ríos, la idea de que la victoria no da derechos o la afirmación de la superioridad del inmigrante sobre el nativo, eran otras “zonceras” derivadas y dirigidas a destruir el sueño de una Argentina soberana y próspera, confiada en sus posibilidades y su destino.

  Para Jauretche, la imposición de esa estructura mental es establecida por los intereses del colonialismo británico. De su análisis se desprende un plan consciente para mantener al país en un estado siempre de dependencia, conservando una estructura oligárquica agrícola-ganadera e impidiendo el ascenso social y político de las masas. La experiencia de Juan Manuel de Rosas en el siglo XIX y la de Hipólito Yrigoyen en el XX son vistas como dos intentos frustrados de salvar la Patria Grande, dos expresiones de lo auténticamente nacional tanto en materia política como económica, social y de relaciones exteriores. Lo que se impuso finalmente fue la Patria Chica del liberalismo con sus sueños de progreso y un ejército al servicio del cipayismo extranjero. Saludó el regreso de Perón en 1972, viéndolo como el retorno no de un hombre sino de una continuidad histórica interrumpida, no sin sentirse intranquilo por la tendencia de Perón y su entorno de no tener cuenta a los intelectuales, especialmente a los viejos luchadores como él. Pese a su permanente confianza en el papel de la juventud, sus últimos años fueron de disidencias con los sectores juveniles del peronismo, que habían adoptado la lucha armada.

  Arturo Jauretche murió el 25 de mayo de 1974 en Buenos Aires. Fue una verdadera pluma prolífica del Ser Nacional. Apostó siempre a que la actividad intelectual no debía quedarse en un mero filosofar sino que debía servir para desarrollar ideas-fuerzas y así contribuir a encontrar soluciones a los grandes problemas nacionales. No fue un filósofo en el sentido del hombre que busca la verdad por sí misma, siempre entendió esa búsqueda como un instrumento para lograr la grandeza del país y la felicidad del pueblo. Fustigó siempre el carácter abstracto de las ideologías, y en tal sentido su crítica se dirigió por igual tanto a la izquierda como a la derecha. La finalidad última de sus escritos fue crear una visión real de la Argentina, infundiendo la idea de una íntima relación entre Historia y Política. Por consiguiente, buscó siempre establecer un modo nacional de ver las cosas.

  En tal sentido se empeñó en dar a entender la Historia como el desarrollo de una antítesis Pueblo-Oligarquía, y a esta última como instrumento del colonialismo inglés. Y animado por ese espíritu opuso a la “pedagogía colonialista” una “pedagogía nacional”, que lo redefinió siempre en términos de una oposición entre las minorías extranjerizantes y opresoras y las mayorías populares y nacionales. Lo que impedía ese modo nacional de ver las cosas era un conjunto de principios introducidos en la formación intelectual de los argentinos desde la mismísima educación primaria. Arturo Jauretche consideró absolutamente prioritaria la Liberación Nacional, como así también el establecimiento de un Capitalismo Nacional y el pleno desarrollo de una Justicia Social. Sobre su capacidad de crear o adaptar términos para definir actitudes políticas, él mismo escribió sobre las palabras cipayo, oligarca y vendepatria. En estos tiempos de falsa democracia y de entreguismo partidocrático a los poderes mundiales su legado cobra más vigencia que nunca.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

26/06/2017