miércoles, 24 de mayo de 2017

CARLOS IBARGUREN Y EL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


  Fue un destacadísimo escritor, abogado, jurisconsulto e historiador revisionista. De prosapia patriota, nació en la provincia de Salta el 18 de abril de 1877, siendo su madre Margarita Magdalena Uriburu Castro y su padre Federico Eulogio Ibarguren Díaz (senador nacional, juez federal, interventor en Jujuy y ministro de la Corte Suprema de la Nación). En 1898 se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, destacándose como catedrático de Historia en el Colegio Nacional del Norte. Desde 1902 se destacó como profesor de Derecho Romano en la Universidad de Buenos Aires, dictando posteriormente el curso de Historia Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras, y luego dando cátedra por breve tiempo en la Universidad de La Plata. En 1904 se casó con María Eugenia Aguirre Lynch, con quien tuvo nueve hijos, entre los que se destacó Carlos Federico, historiador como su padre.

  Desde 1904 ocupó varios cargos gubernamentales. Bajo la presidencia de Roque Sáenz Peña (1910 – 1914) fue designado ministro de Justicia e Instrucción Pública, para luego seguir dentro de las filas de la Unión Cívica Radical por algún tiempo. En 1914 fue uno de los fundadores del Partido Demócrata Progresista junto a Lisandro de La Torre (1868 – 1939), desempeñándose como vicepresidente del mismo y convirtiéndose en opositor al gobierno de Hipólito Yrigoyen. A pesar de ello mirará con buenos ojos el rumbo que el caudillo radical le daba a la Argentina en el plano internacional, especialmente la firme y decorosa neutralidad con que supo mantener al país durante la Primera Guerra Mundial. Fue elegido como candidato demócrata progresista para las elecciones presidenciales de 1922, aunque sólo logró obtener el 7,7% de los votos.

  Su liberalismo ideológico fue cambiando durante la década del ’20 hasta madurar en el Nacionalismo. Y en este sentido expresaba: “Ahora es necesario organizar la nación para que en lugar del individualismo, que lleva consigo el germen de la anarquía, se imponga el concepto social y solidario de nación homogénea y en vez de la exaltación romántica de una absoluta libertad personal predomine un patrimonio espiritualista en el que el individuo debe su acción y hasta su sacrificio a la Patria que está representada por la Nación". Y precisamente, con la fundación en 1927 del periódico La Nueva República (fundado por los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, junto con Ernesto Palacio y César Pico) se sentaron las bases del Nacionalismo, que con el paso de los años cobró mayor forma y consistencia desde lo doctrinario.

  Tras el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 fue designado interventor federal de la provincia de Córdoba, desempeñándose además como presidente de la Academia Argentina de Letras, institución responsable del estudio y asesoramiento del uso del idioma español en la Argentina, fundada el 13 de agosto de 1931 por el presidente de facto José Félix Uriburu. También se destacó como miembro de la Academia Nacional de Historia (institución fundada en 1893). Y entre otros cargos de relevancia fue presidente de la Academia Argentina de Letras y miembro de la Real Academia Española de la Lengua; de la Real Academia de Historia; del Instituto Histórico del Perú; de la Academia de la Historia del Ecuador; del Instituto Sanmartiniano de Colombia y del Instituto de Cultura Hispánica.

 Ibarguren hablaba de politiquería irresponsable, partidocracia fraudulenta, demagogias y trampas sistemáticas. Y como consecuencia proponía un cambio de estructuras, una transformación institucional, una democracia funcional donde los distintos intereses colectivos actúen por medio de sus genuinos representantes dentro del Estado, evitando que los profesionales del comité acaparen el poder y se interpongan entre éste y las fuerzas trabajadoras del país. Ya como interventor oficial de Córdoba sostenía: "En el Parlamento puede estar representada la opinión popular y acordarse también representación a los gremios y corporaciones que estén sólidamente estructuradas. La sociedad ha evolucionado profundamente del individualismo democrático que se inspira en el sufragio universal, a la estructuración colectiva, que responde a intereses generales más complejos y organizados en forma coherente dentro de los cuadros sociales". Esta idea de fondo fue la que no dejó de abogar hasta el fin de sus días, lo que se reflejó en muchos de sus trabajos, artículos, conferencias y libros. Luego de su breve actuación como interventor no tuvo oportunidad de volver a ocupar cargo político alguno, ni siquiera durante el período de gobierno del Nacional-justicialismo, pese a identificarse con él.

  En su faceta de escritor, Carlos Ibarguren cultivó con brillantez el género ensayístico para ocuparse, dentro de sus márgenes, del estudio del pasado histórico argentino, dando nacimiento a varias obras de lectura imprescindible, entre las que conviene destacar: Juan Manuel de Rosas: su vida, su drama, su tiempo (obra publicada en 1930 y galardonada con el Premio Nacional de Literatura); En la penumbra de la Historia Argentina (1932); Estampas de Argentinos (1935); Las sociedades literarias y la revolución argentina (1937); La Reforma Constitucional, sus fundamentos y su estructura, obra monumental publicada en 1948, un año antes de que se sancionara la Constitución de 1949 en donde proyectó una nueva estructura del Estado, la cual, entre otras modificaciones -y sin excluir a los partidos políticos- postulaba la representación directa en el Congreso de las fuerzas sindicadas del trabajo y de la producción (industrial, comercial y agraria), como así también la representación de las entidades superiores de la cultura (Academias y Universidades nacionales). Otra de sus obras destacadas fueron San Martín íntimo (1950) y La historia que he vivido (1955).

  En su obra cumbre Juan Manuel de Rosas: su vida, su drama, su tiempo pretendió revisar la figura del Restaurador de la Leyes sin las pasiones ni los prejuicios del siglo anterior, esbozando un relato intimista y estudiándolo como líder político. Catalogó defectos y analizó virtudes con un evidente esfuerzo por alcanzar la imparcialidad, y todo con una escritura reposada y concisa que no ha perdido encanto con el paso del tiempo. No fue su panegirista ni su inquisidor. Y evaluándolo como político, sostuvo que Rosas era "previsor y cauteloso, no procedía sin plan meditado de antemano y adaptable a las circunstancias del momento". Se destaca en su reconocidísima obra la intención de avanzar con ecuanimidad para comprender al personaje sin apresurarse a condenarlo, incluso cuando repasa los momentos más terribles de su liderazgo. Lo va a llamar "dictador olímpico" tras su segunda ascensión al poder en 1835 con la suma del poder público como así también va a hacer referencia a la Mazorca no de manera benigna en más de una ocasión, pero siempre situando todo bajo un contexto. Por ejemplo se pregunta: "¿Cómo y por qué nace la dictadura? Ella es siempre consecuencia de la anarquía: si ésta es puramente superficial, aquélla es ocasional; pero si el desconcierto es profundo la dictadura es trascendental".

  Y a su vez sostuvo: "El poder omnipotente ejercido por Rosas -previsto por el general San Martín años antes, sin imaginar quien sería el dictador- fue el resultado necesario de la anarquía producida por la revolución de Mayo...Los campesinos alzados por sus caudillos proclamando la defensa de la religión y de la república, de la federación y del americanismo, se rebelaron contra la ciudad donde se encerraba la minoría culta, el grupo universitario, centralista y liberal, el patriciado aristocrático, la influencia europea...Rosas interpretó y dirigió, como jefe supremo, este gran movimiento; por eso su dictadura fue trascendental...".

  Carlos Ibarguren murió en Buenos Aires el 3 de abril de 1956. Noble, hidalgo, comprometido con los destinos de su país, fue sin lugar a dudas uno de los catedráticos e historiadores más importantes de nuestra historia, dejando un importantísimo legado a las generaciones futuras. Es tal como lo sostenía con claridad meridiana en su obra La Inquietud de esta Hora: “La Nación para el Nacionalismo debe formar un cuerpo fuerte, unido, disciplinado en jerarquías, aparece en el sistema demo-liberal como un conglomerado de intereses antagónicos, que luchan por predominar dentro de la débil armazón de un Estado conducido por banderías políticas que no interpretan realmente, ni representan, a los verdaderos valores sociales”. Es que para el noble y gallardo Ibarguren el Nacionalismo es poseedor de una mística y de una moral que deben servir de norte para engrandecer y elevar a la Nación.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

24/05/2017