jueves, 2 de octubre de 2014

EL KIRCHNERISMO COMO RÉGIMEN PROGRE Y NEGADOR DE LA REALIDAD


  Como tradicional y vulgar marco de referencia, el progresismo como ideología siempre se lo identifica con los postulados de la Revolución Francesa de 1789. Es decir, se lo identifica con una democracia de masas que en el fondo es inorgánica y con supuestas libertades individuales -plagadas de lindas frases pero que nunca dejaron de ser una mera ilusión-. Dicho sea de paso, el motor real de esa subversión fue el capitalismo financiero (lo que sistemáticamente se oculta). En lo esencial, los modernistas tienden a asociar al progresismo con la lucha por las libertades individuales, y siempre bajo los parámetros del Sistema capitalista-consumista.

Pero haciendo un análisis revisionista, yendo al trasfondo del concepto de progresismo, el mismo significa lisa y llanamente negar las cosas que son y que existen. Por ejemplo para el filósofo argentino Alberto Buela, quien ha trabajado sistemáticamente sobre temas específicos como ser meta-política, teoría del disenso y teoría de la virtud, el progresismo es una idea de fondo que para imponerse siempre utiliza un método de vanguardia. Es decir, ponerse delante de lo que sea, no importa cómo ni de que se trate. Y por consiguiente crear una realidad abstracta, un relato discursivo totalmente ajeno a lo que se vive.

Para Buela, la quintaesencia del progresismo ya está señalada por las apreciaciones del filósofo español Fernando Sánchez Dragó, quien utiliza la expresión abolición de la realidad. Y en este sentido, Sánchez Dragó hace referencia a Piatakov, un compañero del internacionalista Lenin quien en su momento expresara esta frase más que contundente: “Si el partido lo exige, un auténtico bolchevique está dispuesto a creer que lo negro es blanco y que lo blanco es negro”. Esto mismo es precisamente lo que se ve en la Argentina de hoy. Siguiendo esta línea de pensamiento, el kirchnerismo es sinónimo de progresismo, en donde la orden desde un primer momento fue negar o abolir la realidad. Y esto significa entrar en el terreno del totalitarismo. En decirle al pueblo que llueve cuando en realidad hay sol, en obligarlo a repetir que llueve, y peor todavía, que siempre crea que llueve.

Por otra parte Guillermo Rojas, un importante escritor nacionalista sostiene que el progresista es el “ideólogo por excelencia”, o sea que es un intelectualoide.  Aquel que no ve la realidad dada sino que la construye a través de palabras, a través de un relato. En donde lo que importa no es que ese relato sea verdadero o falso, lo que importa es que sea creíble. El autor también agrega que ser progresista significa moverse en el mundo del materialismo neo-marxista, en donde se idealiza a una supuesta democracia pero que en realidad se actúa de manera totalmente intolerante frente a todos aquellos que no piensan igual. Decir de manera bizarra que es lo bueno y que es lo malo, que tenemos que pensar y que no podemos pensar, quienes son los malos y quienes los “elegidos”.

Vaya si esto es así. El Nacionalismo Social Argentino, o sea, la antítesis total del concepto de progresismo, siempre que se ha manifestado sobre los diferentes problemas estructurales de la Argentina, siempre que ha planteado terminar con el actual Sistema corrupto de izquierdas y derechas sistemáticamente ha sido injuriado o descalificado de manera extremista, con persecuciones incluidas. Es que para los intelectuales progres, el principal enemigo es el Nacionalismo, definiéndoselo burdamente como todo aquello que no es de izquierda o centro-izquierda. Para un progre cualquiera, un nacionalista es lo mismo que un militante del PRO. El famoso "relato" no es otra cosa que un discurso abstracto progre-izquierdista-demagógico-populista a lo que habría que agregar que también es un discurso apologista de la violencia terrorista marxista de los '60 y '70. Y en su discurso con tintes marxistoides y marcusianas el progresismo dice odiar al capitalismo pero a los fines prácticos no se diferencia en nada de la derecha ya que el colonialismo se hace siempre realidad.

  Por consiguiente, la no aceptación del pensamiento diferente es un rasgo distintivo por excelencia del kirchnerismo, de este Régimen en retirada que lo podemos definir en sí mismo como la abolición de la realidad. Es que no hay lugar para las voces críticas en un universo en donde la soberbia, la persecución al que piensa diferente y la omnipotencia mandan. Un fanatismo rayano en la ridiculez en donde la frase sería: Con la presidente no se habla, sólo se la escucha. Y para auto-justificar lo muy mediocre y antinacional como gestión, el Gobierno siempre deja latente la desopilante fábula de la conspiración, la idea del golpe destituyente. Y violando toda clase de espíritu democrático, el gobierno siempre buscó dominar (con grandes resultados) al Poder Judicial. Vale decir, los que protestamos ante tantas carencias seríamos algo así como los enemigos, vendríamos a encarnar una suerte de Eje del Mal. Lamentablemente, los once años de gobierno K sin lugar a dudas generaron un cambio abrupto en el humor social, agravado esto ante tanta degradación, falta de oportunidades y progreso.

Claro, con esta perversa lógica, para Cristina sólo valen las marchas o manifestaciones propias, las demás serían algo así como lo antipopular o antidemocrático. ¿Recuerdan los varios cacerolazos que ya hubo contra el Gobierno Nacional? La burda interpretación oficial siempre fue que en los mismos había “gente bien vestida” o que esa gente “sólo piensa en Miami”, dando a entender los diferentes lenguaraces y alcahuetes de la presidente que había como una especie de gente de clase media alta (por nombrar las mismísimas expresiones vertidas por el aparato oficial de propaganda).

Todas estas frases descalificadoras fueron vertidas desde ya hacia una población heterogénea que salió a la calle. Trabajadores, estudiantes, desocupados. Es decir, miles y miles de argentinos que expresaron sus reclamos no sólo al actual gobierno sino también a la supuesta oposición. Miles y miles de desamparados que no encuentran en la actual dirigencia un proyecto de país en serio, algo que genere una real expectativa. Desde las diferentes usinas oficiales siempre se hizo todo lo posible para que el diálogo sea sinónimo de debilidad, para que la diversidad sea reemplazada por la aceptación sin discusión. Esto es lo que ni más ni menos hace no solamente al kirchnerismo, sino todos aquellos gobiernos etiquetados como “progresistas”.

Para señalar una problemática bien de actualidad, un claro ejemplo de progresismo como negador de la realidad tiene que ver con los Fondos Buitre. En su discurso reciente en la Organización de las Naciones Unidas, la presidente los acusó de ser terroristas económicos y financieros, señalando: “No sólo son terroristas los que ponen bombas. Los que desestabilizan la economía de un país también son terroristas”. A su vez sostuvo que “en épocas de buitres económicos y halcones de la guerra necesitamos más palomas de paz para construir un mundo más seguro”.

Es decir, mientras Cristina demagógicamente los ataca, haciendo un falso alarde de Patria o Causa Nacional, lo cierto y lo concreto es que los Fondos Buitre son socios del Estado argentino por ejemplo en YPF y en el Banco Hipotecario. Los Fondos Buitre NML de Paul Singer y EM de Kenneth Dart son dueños del 7% de las acciones del Banco Hipotecario donde el Estado tiene casi el 60%. En YPF el Fondo Buitre Black Rock es uno de los socios clave también. A su vez en ningún momento la actual mandataria hizo siquiera un mínimo de revisionismo en torno a la Deuda Externa, que tal como lo demostró la Justicia argentina en el memorable fallo del año 2000 la misma se generó en lo esencial de manera fraudulenta e ilegal desde 1976 en adelante.

   Los ejemplos de abolición de la realidad son muchísimos. En definitiva, el kirchnerismo progresista actúa con una tremenda ceguera ideológica y con una clarísima negación inexpugnable de lo que se vive, de lo que es, de lo que se sufre. Las consecuencias están a la vista una vez más: Postración, degradación social, pobreza, indigencia, inseguridad, fronteras desguarnecidas, narcotráfico, concentración económica, Usura criminal, depredación de nuestros recursos naturales por parte de corporaciones internacionalistas, clientelismo político, corrupción organizada, entrega del patrimonio nacional, apriete al Poder Judicial, subordinación hacia los poderes mundiales, pago de la ilegítima Deuda Externa.

  Todo esto no es más que una Guerra Social que se vive por obra y gracia de mafias enquistadas en el poder. Y ya que parece que está de moda la expresión, todos los ejemplos descriptos ¿no encuadrarían dentro del concepto terrorismo político? Bueno, no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Ya lo decía con claridad meridiana el General Juan Domingo Perón, citando a Aristóteles: "La única verdad es la realidad".



Darío Coria, Secrtetario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Jefe de la Passaponti en la Provincia de Buenos Aires
y conductor del programa "Estirpe Nacional"

02/10/2014