martes, 19 de noviembre de 2013

¿QUÉ ES LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA?


 Ya lo decía con claridad meridiana el General Juan Domingo Perón al promulgar el 9 de julio de 1947, y en la histórica Casa de Tucumán, el Acta de Independencia Económica: “Aspiramos a una liberación absoluta de todo colonialismo económico, que rescate al país de la dependencia de las finanzas foráneas. Sin bases económicas no puede haber bienestar social: es necesario crear esas bases económicas (…)”. “Debemos producir el doble y a eso multiplicarlo por cuatro, mediante una buena industrialización –es decir, enriqueciendo la producción por la industria–, distribuir equitativamente esa riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones”.

Por consiguiente, se desprende que para el Nacionalismo la Independencia Económica es un principio vital para el desarrollo y la vida integral de un pueblo: es la ruptura de las estructuras esclavizantes del Sistema plutocrático capitalista que operan en las diferentes naciones; es el acto soberano de desligarse de las Altas Finanzas Internacionales o Usura internacional (el verdadero rostro del Nuevo Orden Mundial) que succionan la economía de los pueblos para un beneficio de dominación propia.

La Independencia Económica tiene una etapa inicial, que es la reconquista de las fuentes de riqueza perdidas a manos de ese imperialismo capitalista, y una segunda etapa que es la de consolidación de esa independencia. Y precisamente, teniendo en cuenta el destino de la Argentina, para poner en práctica una economía natural y conforme al desarrollo sano y orgánico de todo un Pueblo se deberán establecer las siguientes ideas-fuerzas:
1°) El derecho exclusivo, y sin ningún tipo de injerencias foráneas, para que el Estado Nacional acuñe su propia moneda.
2°) El abandono del actual “patrón-dólar” por un “patrón-trabajo”.
3°) El enmarque jurídico de la usura, la especulación y toda operación fraudulenta como “terrorismo económico”.
4°) La nacionalización de la banca y de los sectores vitales / estratégicos de la economía.
5°) La promoción de una industria nacional, tanto del sector liviano, pesado y tecnológico-científico, con un eficaz proteccionismo arancelario.
6°) La eliminación de los impuestos regresivos para establecer un sistema impositivo de carácter progresivo.
7°) La participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.
8°) El desarrollo del comercio exterior en base al principio de la defensa de la producción nacional y del justo intercambio de productos.
9°) La sanción de una ley de regulación de empresas extranjeras, para evitar el robo insolente de recursos y la fuga de capitales.
10°) Una Reforma Agraria para beneficio exclusivo de los argentinos y con permanente asistencia estatal en cuanto a otorgamiento de créditos; fomento de asociaciones cooperativas; suministro de maquinarias; formación y capacitación profesional;  la nacionalización o expropiación de tierras en manos de no-argentinos y un proteccionismo arancelario en defensa del sector frente a productos primarios extranjeros.
11°) El retiro inmediato de la Argentina  como miembro integrante de organismos financieros, desligando a estos mismos organismos de sometimiento en el “monitoreo” y control de las cuentas públicas nacionales.
12°) El cese inmediato del pago de los intereses de la Deuda Externa, a la par de realizar una investigación legislativa que gire en torno a dos aspectos básicos: el expediente judicial iniciado por el Dr. Alejandro Olmos y el fallo del juez federal Jorge Ballestero del año 2000 (evidenciando claramente en su fallo la composición fraudulenta e ilegítima de la deuda).

La argentinización de nuestra economía, que constituye un fin en sí mismo requiere de la colaboración máxima tanto del sector estatal como del privado, siendo el Estado indiscutiblemente el máximo órgano regulador.

Para dejarlo en claro una vez más, el único camino por el cual se puede arribar al bienestar de toda la Comunidad Nacional es cortando –y sin ningún tipo de concesiones– la interferencia prepotente del imperialismo capitalista. Su despótico accionar es lo que restringe a los connacionales los beneficios del trabajo y la explotación de las riquezas, condenándonos a que tengamos una vida de miserables y esclavos.

En definitiva, el Nacionalismo parte de un principio básico y contundente: sin Soberanía Política ni Independencia Económica no puede haber nunca Justicia Social.



DARÍO – BANDERA VECINAL  ZONA SUR, 19/11/2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

¿QUÉ ES LA SOBERANÍA POLÍTICA?


Para el Nacionalismo la Soberanía Política no es una expresión de deseos ni una mera formulación jurídica. Es una voluntad irrenunciable, un principio rector que se funda en el ejercicio efectivo del poder por parte de un gobierno sobre todo lo que es propio y que por derecho histórico e inalienable le corresponde a una Nación, no dejándose manipular por ningún tipo de atropello foráneo (de cualquier índole, ya sea militar, político, económico-financiero o cultural-ideológico).

Por consiguiente es ejercer un “Real Señorío” sobre todo lo que le es propio a una Comunidad Nacional, ya que en el desarrollo integral de un país siempre debe estar la integridad territorial. Sin Soberanía Política ningún gobierno puede tomar decisiones plenas ni administrar justicia conforme al Bien Común. Y precisamente, si uno de los fines del gobernante es realizar el Bien Común, ese gobernante debe disponer de una total y plena libertad de acción.

La Soberanía Política no acepta, y bajo ningún punto de vista, intromisiones foráneas en el orden interno. Hacerlo significaría entrar en una contradicción misma. El principio de las nacionalidades, la igualdad jurídica de los Estados y la soberanía en sí deben constituir las bases fundamentales en materia de política internacional. Y por definición misma, este delineamiento sólo podrán llevarlo adelante gobiernos nacionalistas fuertes, decididos y firmes.

Se debe profesar siempre un absoluto respeto hacia todos los pueblos de la faz de la Tierra, como a su vez se debe tener en claro cuáles son las tortuosas prácticas de engaño y manipulación, algo tan característico en estos tiempos de Globalización o Nuevo Orden Mundial. Nunca podrá existir un franco estado de paz mientras el respeto a la integridad de las soberanías nacionales no predomine sobre cualquier otra consideración. Ni los intereses económicos ni las ideologías (o convicciones políticas) deben autorizar a nadie a inmiscuirse en la vida interna de los pueblos. De esta forma, el Nacionalismo rompe con el esquema desnaturalizante tanto del capitalismo como del marxismo (las dos caras de una misma moneda). Y conceptualmente los enfrenta por el sólo hecho de ir en contra de los intereses nacionales.

Es que cualquier esquema de integración o de unidad continental deben basarse únicamente en el respeto y en la defensa de los intereses de cada uno de los países en cuestión, en la eliminación radical de las relaciones de dependencia, en un freno al accionar desleal de las trasnacionales y del proceder de la Usura Internacional, como así también de aquellas ideologías extrañas a la esencia de un pueblo. La Nación que se somete a una fuerza superior pierde su autodeterminación (cualidad de su soberanía), y pertenece desde ese momento al vencedor cualquiera sea la forma en que se pretenda disimular la conquista.

Ahora bien ¿cuál es el fundamento de fondo en todo lo descripto? Lo que constituye el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía Nacional, de nuestra Nación libre e independiente es la Declaración de la Independencia proclamada en Tucumán el día 9 de julio de 1816. Y esto se ratifica con el agregado al Acta, el día 19 de julio de aquel año, de la frase “LIBRE E INDEPENDIENTE DE TODA OTRA FORMA DE DOMINACIÓN EXTRANJERA”, agregado realizado a instancias del diputado por Buenos Aires Pedro Medrano.


Afirmar formalmente una declaración de independencia es lo mismo que nada. Es indispensable que día a día esa voluntad política se ponga permanentemente en acto, porque la Soberanía Nacional no es algo que se conquista para siempre o que se proclama en una fecha patria. Sólo existe cuando hay dominio de lo que es propio; cuando se mantiene contra toda forma de expoliación foránea. Y en última instancia –para que se mantenga la supervivencia nacional– se la defiende a través de las armas. Ya lo decía con claridad meridiana el General San Martín: “Para defender la causa de la Patria no hace falta otra cosa que Orgullo Nacional”.



DARÍO – BANDERA VECINAL / GENTE EN ACCIÓN ZONA SUR, 09/11/2013