miércoles, 31 de julio de 2013

EL FALSO HÉROE Y SU FALSA DOCTRINA


El “Che” Guevara es una suerte de “paradigma” de rebeldía setentista que está estampado en infinidades de remeras que se venden bajo el sistema capitalista. Por lo general se lo pinta como un revolucionario, como un luchador por la democracia y las libertades, algo así como un “mártir” del bien común social. Pero la realidad fue muy distinta. A través de sus “teorizaciones” se buscó la toma del poder en toda América Latina y de una manera totalmente violenta, sanguinaria: La lucha armada guerrillera buscó implementar una dictadura totalitaria (a pesar de la distorsión del relato oficial), y según los cánones de las diferentes variantes marxistas.

Fue el primero en América Latina que teorizó sobre el concepto de “guerrilla”, que según él mismo fue algo que surgió de la experiencia que tuvo junto a Fidel Castro durante la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista en Sierra Maestra, Cuba, y su consiguiente derrocamiento en 1959. Guevara explica las premisas y principios fundamentales por los cuales se debe construir toda insurgencia guerrillera.

De sus teorizaciones se desprenden groseros errores (que a la larga pueden explicar su inevitable fracaso y fin en Bolivia en 1967). Siempre parte de una irreal situación política ya que sistemáticamente da una visión falsamente ideologizada y ajena al sentido común. Veamos algunas de sus incoherencias. Por ejemplo en “Guerra de Guerrillas” sostiene: “(…) Tres aportaciones básicas y fundamentales hizo la Revolución Cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios de América, son ellas: 1) Las fuerzas populares pueden ganar un guerra contra el ejército regular; 2) No siempre es necesario que se den todas las condiciones para la revolución, el foco puede crearlas; 3) En América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo”.

Y de su grosero análisis se desprende lo siguiente: Sin el apoyo total de una población (tanto campesina como urbana) el movimiento insurgente siempre se va a constituir en un grupo violento que va a matar ante la indiferencia o el odio general. Priorizar la guerrilla en el ámbito rural y subordinar las acciones urbanas como algo secundario (o en todo caso como apoyo a las primeras en hombres, pertrechos bélicos, agitaciones obreras y estudiantiles, etc.) también demuestra una gran falta de visión.

Según el guevarismo, se debe priorizar la lucha en el campo porque precisamente las condiciones de vida son más duras en cuanto a la explotación y la opresión, constituyendo los campesinos, así, el enorme potencial insurgente. Es más, establece que un enfrentamiento de fuerzas irregulares mezclado con el campesinado y luchando en un hábitat natural hace que las FF.AA. resulten a la larga impotentes. Pero hasta el troskismo (más allá de lo aberrante como teoría), descalificó esa “tesis” de exportación para toda América Latina al establecer que en realidad son las masas populares las verdaderas protagonistas en vez de un foco guerrillero rural.

En “Crear Dos, Tres… Muchos Vietnam es la Consigna”, otra de sus obras de cabecera, Guevara nos ilustra cómo debe ser de “democrática” la esencia de la lucha guerrillera: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así”.

En cuanto a su “lucha” contra las dictaduras latinoamericanas lo que sistemáticamente se oculta es que según su concepción cualquier gobierno ubicado en las esferas del “capitalismo” era considerado una dictadura. Es decir, se debía llevar adelante el foco guerrillero sea cual sea la índole del gobierno, dictadura, o democracia. Es tal cual lo afirma en “Guerra de Guerrillas”: “Es decir que no debemos admitir que la palabra Democracia utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras, pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. Luchar por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa, sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar para retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes”.

En definitiva, de una experiencia vivida en un país (Cuba) se quiso generalizar una doctrina para ser aplicada a toda América Latina. No todos los países latinoamericanos eran Cuba ni mucho menos se daba el mismo proceso político y económico como para aplicarse esos “principios”. Inclusive en el triunfo de la Revolución Cubana hay mucha tergiversación. El enfrentamiento con las fuerzas de Batista consistió más que nada en escaramuzas y combates con un muy reducido número de bajas. Los soldados batistianos carecieron siempre de una moral de combate, no estando muy lejos de deponer las armas por arreglos económicos con el enemigo. Y de una guerra de estas características no se pueden deducir postulados básicos para encarar otras, y sobre todo a nivel continental.

   La base de su doctrina es toda una vil falacia. El desgraciado recuerdo de las guerrillas con su impronta de odio, resentimiento, y disfrazadas bajos los conceptos de “liberación” y de “amor a la humanidad” nos deja una lección más que clara. Como se puede luchar, como se puede matar y como se puede morir por una abstracción ideológica, por algo que no puede estar nunca plasmado por ser una utopía pura: el comunismo, tan irreal y falso como el Che Guevara.



DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 31/07/2013

martes, 9 de julio de 2013

9 DE JULIO, MANDATO HISTÓRICO Y DIGNIDAD NACIONAL


El Congreso de Tucumán empezó a sesionar el 24 de marzo de 1816, y su instalación en aquella provincia fue de alguna manera una concesión necesaria al espíritu anti-porteño reinante a nivel general, al rechazo provincial de las políticas centralistas y unitarias del Directorio con sede en Buenos Aires, como bien lo señala el historiador revisionista Ernesto Palacio.

La mayoría de los 29 congresales presentes (con Narciso Laprida como presidente) eran abogados y curas, muchos de ellos de gran prestigio social. No hizo falta ninguna deliberación previa porque todos votaron de manera unánime la proclamación del Acta de Independencia el 9 de julio, en medio de una algarabía reinante en el recinto y con un pueblo tucumano que esperaba expectante afuera.

La influencia del General San Martín fue decisiva. El Libertador impregnó a los diputados de un verdadero acto de heroísmo teniendo en cuenta que las armas de la Patria parecía que se desmoronaban ante los españoles. Y sobre todo teniendo en cuenta la desastrosa batalla de Sipe-Sipe, librada el 29 de octubre de 1815 a pocos meses de la apertura del Congreso. Esta batalla dejó un saldo de 2000 muertos en nuestras filas y generó una gran desbandada; pero finalmente se lo pudo compensar con la lucha de las milicias salto-jujeñas del heroico Martín Miguel de Güemes en el noroeste argentino y como apoyo a San Martín.

Los argentinos debemos comprender que lo que constituye el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía Nacional, de nuestra nación libre e independiente de toda forma de dominación extranjera es el Acta de la Declaración de la Independencia proclamada y votada en Tucumán. Y esto se ratifica el día 19 de julio con el agregado al Acta de la frase “libre e independiente de toda otra forma de dominación extranjera”, agregado realizado a instancias del diputado por Buenos Aires Pedro Medrano.

Pero no basta con afirmar formalmente la Independencia. Es indispensable que día a día esa voluntad política se ponga en acto, porque la Soberanía Nacional no es algo que se conquista para siempre o que se proclama en una fecha patria. Sólo existe cuando hay dominio de lo que es propio; cuando se mantiene contra todo intento de colonialismo foráneo. Y en última instancia –para que se mantenga la supervivencia nacional– se la defiende a través de las armas.

La Argentina –ya desde hace varias décadas– no es una nación libre ni soberana por la sencilla razón de que hemos perdido el señorío de todo lo que es propio. Casi nada es nuestro porque precisamente fue regalado por los entregadores de turno. El país carece de un verdadero Poder Nacional y el Estado es una mera formalidad jurídica, que ni siquiera puede mantener un mínimo de orden social por estar sometido por la Usura Internacional y a las grandes corporaciones multinacionales. La ilegitima e ilegal deuda externa (iniciada durante el Proceso y multiplicada en cinco por los sucesivos gobiernos “democráticos”) es un tema “tabú” que no admite ningún tipo de revisionismo por los personeros del Sistema.

¡Compatriota! Nunca vamos a tener salida dentro del actual Sistema o Régimen de Dominación. El primer paso siempre va a consistir en tomar conciencia sobre la realidad de la situación; y el segundo paso será comprender cuales son las causas de nuestra decadencia y degradación en la actualidad, cuales deben ser los modos de acción y los esfuerzos para cambiar la realidad que se vive, que no es sino a través del encolumnamiento y la militancia dentro del Nacionalismo.

Nuestro problema es de poder. Y el germen del poder reside en la intimidad del Alma de cada uno de nosotros los argentinos. Despertar el Alma y unirlo al mandato del 9 de julio de 1816 es levantar la bandera de la Libertad y de la Independencia contra toda forma de dominación extranjera… es ostentar Dignidad y Honor para que la Argentina vuelva a ser de los argentinos.



DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 09/07/2013