jueves, 26 de diciembre de 2013

¿QUÉ ES LA PATRIA?


Es un concepto que sin lugar a dudas nos genera a primera vista un profundo sentimiento, una honda emoción y orgullo. La Patria hasta se confunde, o mejor dicho, es absorbida por la idea misma de Nacionalismo. Proviene del latín Pater, Padre, y hace referencia a la Tierra de los Padres, en cuanto a un origen propio que tiene en cuenta fundamentalmente una herencia de sangre criolla y un territorio donde se ha nacido. Pero la definición se hace mucho más abarcativa.

Porque teniendo en cuenta esa sangre criolla y ese territorio, la Patria es una síntesis verdaderamente transcendente, indivisible y con fines propios a cumplir. Y al estar en el alma colectiva de todo un pueblo significa también que la Patria es un “encontrarse a uno mismo”, en el sentido de sentirse reconocido en una tradición, en valores, en principios espirituales y en grandes arquetipos o referentes históricos que marcaron un claro camino de grandeza en cuanto a un claro ideal de Comunidad Nacional.

En la Patria se debe ver un Destino, una empresa colectiva siempre en marcha, una misión en la historia, una misión en lo universal, anhelos afectivos y espirituales, sueños y esperanzas de dimensiones míticas que calan profundo en el alma social. Y todo ello para la consolidación y desarrollo de una Nación que se forja y nutre con acciones que van formando tejidos por tradiciones y lazos ancestrales. Por eso es un error identificarla solamente (y básicamente) en aquello inmediato, físico y tangente como lo territorial o lo hereditario sanguíneo.

Ahora bien, en todo lo fuertemente descripto entran en juego las nociones ideológicas y políticas que por supuesto van ligadas al Nacionalismo (entendido éste como una cosmovisión en el sentido de un sentimiento de fondo para que un pueblo tenga una vida orgánica, sana y natural).  Porque precisamente, la Patria siempre va a estar asociada a un Estado-Nación, lo que equivale decir que el territorio nacional está indiscutiblemente vinculado con todos los valores de la Patria. A su vez, los denominados símbolos patrios más representativos (Bandera, Himno, Escudo) son los que se imponen para ser respetados y valorizados como los máximos estandartes, como emblemas que cobijan los más elevados propósitos de realizaciones de todos los integrantes de una Comunidad Nacional.

Y dentro de la familia del término analizado se encuentra el concepto patriotismo (también, fuertemente ligado al Nacionalismo político), que es una forma de pensar y de sentir que une fuertemente a una persona con su Patria; el poseer un profundo orgullo por formar parte de un territorio; un claro sentimiento de apego y de admiración por la propia familia; un fuerte lazo con la Cultura e Historia de un país. Pero si es tan hermoso y gratificante el sentimiento patrio, ¿por qué no hay verdadero patriotismo militante en la actualidad?

En primer lugar tenemos que tener en cuenta que por una cuestión lógica de dominación y sometimiento hacia los pueblos, el tiránico Sistema plutocrático-capitalista atenta contra la idea misma de Patria, de Nacionalismo o Estado-Nación (en el marco de la muy difundida Globalización). Y lo hace a través de diferentes usinas de control como lo son el aparato educativo, el aparato propagandístico-mediático y el aparato represivo de gobiernos satélites a eso poderes mundiales como lamentablemente es el caso de la Argentina. En este sentido cobran mucha vigencia todas aquellas ideologías que son funcionales a ese Sistema. Y por dar un solo caso paradigmático se puede señalar al marxismo (que nunca tuvo en cuenta a la Usura como verdadero factor de dominación mundial). Karl Marx (Kissely Mordekay) lo dice muy claro en el Manifiesto Comunista (1848): “Los trabajadores no tienen Patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen”.

En segundo lugar, la falta de patriotismo radica en poseer una postura burguesa, es decir, en anteponer la comodidad al deber para con la Comunidad. El egoísmo sectorial y de lucro privado (verdaderos parámetros de la civilización capitalista) es lo que atenta contra la falta de unidad. Sería como una suerte de “espíritu de mercader”, en donde no importa traicionar o violar lo que para otros es sagrado si con ello se obtienen ventajas personales. O sea, una verdadera vida de miserable.

No se hacen patriotas con discursos. Se es verdaderamente nacionalista solamente por el grado de sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Y para que exista un verdadero Patriotismo y un verdadero Nacionalismo se debe poseer una aguda sensibilidad social. Debe haber un total desprendimiento de egoísmos sectoriales que nos haga ver que antes que nada primero está el Bien Común, la felicidad y el progreso de todo un Pueblo. En definitiva, la Patria la constituyen nuestros hermanos unidos por la misma Sangre y el mismo Espíritu.

  Ya lo decía con claridad meridiana el General Juan Domingo Perón: "Cuando los argentinos comprendan que la grandeza de la Patria es la grandeza de los argentinos, cuando los argentinos comprendan que cualquiera sea la lucha que emprendan en el orden interno ella no puede estar jamás dirigida contra el país; ese día la Argentina comenzará una marcha de ascensión que no se detendrá hasta la gloria y hasta el logro venturoso de la Gran Argentina que todos soñamos".



DARÍO – BANDERA VECINAL  ZONA SUR, 26/12/2013

viernes, 6 de diciembre de 2013

¿QUÉ ES EL BIEN COMÚN?


Es ni más ni menos que la realización y el aseguramiento de una plena y absoluta Justicia Social dentro de una Comunidad Nacional. Hablar de Bien Común es también hacer referencia al Socialismo, pero no en su concepción economicista-marxista (la única difundida por los medios del Sistema y en donde los individuos se subordinan de manera automática a un ente colectivista), sino como una cosmovisión de ordenamiento nacionalista en donde el progreso de toda la sociedad esté por encima de todo progreso individualista, egoísta y sectario.

 Es que para el Nacionalismo, el Socialismo es el convencimiento ético de que el bien del pueblo es lo único y prioritario que debe existir frente a los intereses particulares y deseos de cualquier grupo. Y precisamente, la cosmovisión nacionalista hace hincapié en que dicho bien debe entenderse como todo aquello que lleve a los integrantes de la Patria a una mayor calidad humana, pero no solamente desde lo económico (como erróneamente lo plantea el marxismo) sino desde lo integral, o sea, desde lo ético, espiritual, físico, político, económico y social.

Es necesario resaltar que el Bien Común, o Socialismo, es una actitud ética frente a los problemas existentes. Es decir, es un “estilo” de hacer las cosas más que una ley matemática o económica. Por consiguiente, todo sistema económico que cumpla con los requisitos éticos básicos, o sea, que sea útil para llevar al pueblo a una meta superior de calidad humana es válido y puede considerarse socialista. Los sistemas económicos son herramientas, medios, no el fin de una política de Bien Común, por lo tanto están sujetos a modificaciones según las circunstancias.

Sólo los principios éticos conformes al Bien Común son los inmutables. Evidentemente hay elementos económicos anti-socialistas en sí mismos y abiertamente contrarios a toda ética: la usura, el anonimato, la lucha de clases, la dependencia, el igualitarismo, la explotación. Al respecto es interesante señalar que mientras el marxismo presenta al obrero como el oprimido por el patrón o empresario, el Nacionalismo presenta la realidad: las Altas Finanzas Internacionales son las que oprimen tanto a obreros como a empresarios, son ellas las que crean el ambiente especulativo y de avaricia que después causa las verdaderas tensiones en las empresas.  

Para procurar el Bien Común y extender un trato de honor, el gobernante en cuestión deberá poseer sí o sí la libertad de acción para ello, o sea, ostentar el señorío sobre todo lo propio para el ejercicio soberano de su gran misión. De lo anterior se desprende claramente que sin Soberanía Política ni Independencia Económica, es decir, en situación de dependencia o manipulación hacia algún poder extranjero (ya sea de tipo ideológico, militar, político o financiero) no habrá nunca gobernante justo, honesto y servidor abnegado de la grandeza de la Nación.

El Bien Común exige que se cumplan las siguientes condiciones:
1°) La unión de todos los compatriotas, en amistad sincera y fraterna para cimentar la verdadera paz social.
2°) La unión de las fuerzas de todos los miembros y de cada uno para el mayor rendimiento, el mejor servicio y la distribución más eficiente de bienes.
3°) La suficiencia y la abundancia de bienes materiales y espirituales que resulten del cumplimiento de las dos primeras condiciones, que aseguren su justa distribución conforme al mérito, a la necesidad y a la responsabilidad de cada uno de los miembros de la comunidad.

El factor humano es y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales. Esto es arribar al principio de la solidaridad, de la concordia y colaboración entre los ciudadanos que constituyen una sociedad en el cuadro natural de la Nación. Esto es, la convivencia social en paz y tranquilidad. Y en ese orden orgánico cada cual está contento con su puesto y su función, contribuyendo eficazmente al bien de todos. 

A su vez, el gobernante debe ser el primer servidor del bienestar de la Nación. No solo debe promover sino ser el principal ejecutor del Bien Común. Por eso es que le corresponde gobernar al mejor, al más capaz y prudente, al de mayor capacidad de mando. Lo más triste que le puede pasar a un país es que haya muchos hombres clamando justicia y no la obtengan; pero el panorama es mucho más patético cuando esa justicia es clamada por los humildes y desamparados.

El verdadero Nacionalismo siempre será aquel que mantenga el equilibrio de intereses dentro de una Comunidad y a través de un sano concepto de Justicia Social, Socialismo o Bien Común. Es que las verdaderas revoluciones son aquellas que son profundamente transformadoras e innovadoras desde lo social.



DARÍO – BANDERA VECINAL  ZONA SUR, 06/12/2013

martes, 19 de noviembre de 2013

¿QUÉ ES LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA?


 Ya lo decía con claridad meridiana el General Juan Domingo Perón al promulgar el 9 de julio de 1947, y en la histórica Casa de Tucumán, el Acta de Independencia Económica: “Aspiramos a una liberación absoluta de todo colonialismo económico, que rescate al país de la dependencia de las finanzas foráneas. Sin bases económicas no puede haber bienestar social: es necesario crear esas bases económicas (…)”. “Debemos producir el doble y a eso multiplicarlo por cuatro, mediante una buena industrialización –es decir, enriqueciendo la producción por la industria–, distribuir equitativamente esa riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones”.

Por consiguiente, se desprende que para el Nacionalismo la Independencia Económica es un principio vital para el desarrollo y la vida integral de un pueblo: es la ruptura de las estructuras esclavizantes del Sistema plutocrático capitalista que operan en las diferentes naciones; es el acto soberano de desligarse de las Altas Finanzas Internacionales o Usura internacional (el verdadero rostro del Nuevo Orden Mundial) que succionan la economía de los pueblos para un beneficio de dominación propia.

La Independencia Económica tiene una etapa inicial, que es la reconquista de las fuentes de riqueza perdidas a manos de ese imperialismo capitalista, y una segunda etapa que es la de consolidación de esa independencia. Y precisamente, teniendo en cuenta el destino de la Argentina, para poner en práctica una economía natural y conforme al desarrollo sano y orgánico de todo un Pueblo se deberán establecer las siguientes ideas-fuerzas:
1°) El derecho exclusivo, y sin ningún tipo de injerencias foráneas, para que el Estado Nacional acuñe su propia moneda.
2°) El abandono del actual “patrón-dólar” por un “patrón-trabajo”.
3°) El enmarque jurídico de la usura, la especulación y toda operación fraudulenta como “terrorismo económico”.
4°) La nacionalización de la banca y de los sectores vitales / estratégicos de la economía.
5°) La promoción de una industria nacional, tanto del sector liviano, pesado y tecnológico-científico, con un eficaz proteccionismo arancelario.
6°) La eliminación de los impuestos regresivos para establecer un sistema impositivo de carácter progresivo.
7°) La participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.
8°) El desarrollo del comercio exterior en base al principio de la defensa de la producción nacional y del justo intercambio de productos.
9°) La sanción de una ley de regulación de empresas extranjeras, para evitar el robo insolente de recursos y la fuga de capitales.
10°) Una Reforma Agraria para beneficio exclusivo de los argentinos y con permanente asistencia estatal en cuanto a otorgamiento de créditos; fomento de asociaciones cooperativas; suministro de maquinarias; formación y capacitación profesional;  la nacionalización o expropiación de tierras en manos de no-argentinos y un proteccionismo arancelario en defensa del sector frente a productos primarios extranjeros.
11°) El retiro inmediato de la Argentina  como miembro integrante de organismos financieros, desligando a estos mismos organismos de sometimiento en el “monitoreo” y control de las cuentas públicas nacionales.
12°) El cese inmediato del pago de los intereses de la Deuda Externa, a la par de realizar una investigación legislativa que gire en torno a dos aspectos básicos: el expediente judicial iniciado por el Dr. Alejandro Olmos y el fallo del juez federal Jorge Ballestero del año 2000 (evidenciando claramente en su fallo la composición fraudulenta e ilegítima de la deuda).

La argentinización de nuestra economía, que constituye un fin en sí mismo requiere de la colaboración máxima tanto del sector estatal como del privado, siendo el Estado indiscutiblemente el máximo órgano regulador.

Para dejarlo en claro una vez más, el único camino por el cual se puede arribar al bienestar de toda la Comunidad Nacional es cortando –y sin ningún tipo de concesiones– la interferencia prepotente del imperialismo capitalista. Su despótico accionar es lo que restringe a los connacionales los beneficios del trabajo y la explotación de las riquezas, condenándonos a que tengamos una vida de miserables y esclavos.

En definitiva, el Nacionalismo parte de un principio básico y contundente: sin Soberanía Política ni Independencia Económica no puede haber nunca Justicia Social.



DARÍO – BANDERA VECINAL  ZONA SUR, 19/11/2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

¿QUÉ ES LA SOBERANÍA POLÍTICA?


Para el Nacionalismo la Soberanía Política no es una expresión de deseos ni una mera formulación jurídica. Es una voluntad irrenunciable, un principio rector que se funda en el ejercicio efectivo del poder por parte de un gobierno sobre todo lo que es propio y que por derecho histórico e inalienable le corresponde a una Nación, no dejándose manipular por ningún tipo de atropello foráneo (de cualquier índole, ya sea militar, político, económico-financiero o cultural-ideológico).

Por consiguiente es ejercer un “Real Señorío” sobre todo lo que le es propio a una Comunidad Nacional, ya que en el desarrollo integral de un país siempre debe estar la integridad territorial. Sin Soberanía Política ningún gobierno puede tomar decisiones plenas ni administrar justicia conforme al Bien Común. Y precisamente, si uno de los fines del gobernante es realizar el Bien Común, ese gobernante debe disponer de una total y plena libertad de acción.

La Soberanía Política no acepta, y bajo ningún punto de vista, intromisiones foráneas en el orden interno. Hacerlo significaría entrar en una contradicción misma. El principio de las nacionalidades, la igualdad jurídica de los Estados y la soberanía en sí deben constituir las bases fundamentales en materia de política internacional. Y por definición misma, este delineamiento sólo podrán llevarlo adelante gobiernos nacionalistas fuertes, decididos y firmes.

Se debe profesar siempre un absoluto respeto hacia todos los pueblos de la faz de la Tierra, como a su vez se debe tener en claro cuáles son las tortuosas prácticas de engaño y manipulación, algo tan característico en estos tiempos de Globalización o Nuevo Orden Mundial. Nunca podrá existir un franco estado de paz mientras el respeto a la integridad de las soberanías nacionales no predomine sobre cualquier otra consideración. Ni los intereses económicos ni las ideologías (o convicciones políticas) deben autorizar a nadie a inmiscuirse en la vida interna de los pueblos. De esta forma, el Nacionalismo rompe con el esquema desnaturalizante tanto del capitalismo como del marxismo (las dos caras de una misma moneda). Y conceptualmente los enfrenta por el sólo hecho de ir en contra de los intereses nacionales.

Es que cualquier esquema de integración o de unidad continental deben basarse únicamente en el respeto y en la defensa de los intereses de cada uno de los países en cuestión, en la eliminación radical de las relaciones de dependencia, en un freno al accionar desleal de las trasnacionales y del proceder de la Usura Internacional, como así también de aquellas ideologías extrañas a la esencia de un pueblo. La Nación que se somete a una fuerza superior pierde su autodeterminación (cualidad de su soberanía), y pertenece desde ese momento al vencedor cualquiera sea la forma en que se pretenda disimular la conquista.

Ahora bien ¿cuál es el fundamento de fondo en todo lo descripto? Lo que constituye el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía Nacional, de nuestra Nación libre e independiente es la Declaración de la Independencia proclamada en Tucumán el día 9 de julio de 1816. Y esto se ratifica con el agregado al Acta, el día 19 de julio de aquel año, de la frase “LIBRE E INDEPENDIENTE DE TODA OTRA FORMA DE DOMINACIÓN EXTRANJERA”, agregado realizado a instancias del diputado por Buenos Aires Pedro Medrano.


Afirmar formalmente una declaración de independencia es lo mismo que nada. Es indispensable que día a día esa voluntad política se ponga permanentemente en acto, porque la Soberanía Nacional no es algo que se conquista para siempre o que se proclama en una fecha patria. Sólo existe cuando hay dominio de lo que es propio; cuando se mantiene contra toda forma de expoliación foránea. Y en última instancia –para que se mantenga la supervivencia nacional– se la defiende a través de las armas. Ya lo decía con claridad meridiana el General San Martín: “Para defender la causa de la Patria no hace falta otra cosa que Orgullo Nacional”.



DARÍO – BANDERA VECINAL / GENTE EN ACCIÓN ZONA SUR, 09/11/2013

martes, 29 de octubre de 2013

DOCTRINA NACIONALISTA DEL CAMPO


Para la cosmovisión nacionalista, la tierra no es una mercancía ni un simple factor de producción, sino una parte vital de la vida en cada uno de los pueblos. Tampoco es un bien de renta sino un bien de trabajo. A su vez, campesino es quien trabaja su terruño de manera incondicional y por arraigo. Por consiguiente, el título honorífico de “campesino” debe corresponder por derecho a todo aquel argentino vinculado a su tierra.

 El problema actual del campo en la Argentina no es un problema aislado, aunque muchos productores rurales y chacareros puedan creer que el mundo gira alrededor de ellos. Es un problema en el cual están ligadas todas las demás actividades del país. Resolverlo en forma aislada sería una solución para hoy y un grave problema para mañana. En definitiva, gobernar es prever y la previsión impone que en la solución de los problemas de un país se deben tener en cuenta que unas problemáticas no pueden ser independientes de las otras. El ciclo económico que toda Nación debe respetar es el de la producción, el de la industrialización, la comercialización y el consumo.

De nada valdría a los chacareros producir si en el país no hubiera consumo o la exportación no insumiera al remanente de su producción, porque entonces no podrían ellos consumir –por ejemplo– todo el trigo que tuvieran. Un verdadero Estado nacionalista debe encadenar esas cuatro operaciones. Y ese encadenamiento implica que debe darse al problema del agro una solución nacional.

Volviendo a la realidad puntual del campo… ¿Podemos cambiar su triste realidad en la actualidad? Con la conquista del Poder Nacional –y conforme a su cosmovisión– el Nacionalismo deberá establecer un verdadero y profundo cambio, llevando adelante una auténtica Reforma Agraria como base de fondo y teniendo en cuenta las siguientes ideas-fuerza:
1°) Que el campo pueda felizmente ser adquirido y trabajado sí o sí por argentinos, aumentando el número de propietarios rurales.
2°) Prohibir su utilización para la especulación financiera o para generar renta sin trabajo, aboliendo las hipotecas de tierras a prestamistas privados.
3°) La tierra que proporcione el Estado debe ser barata, esto es, ajustada a su valor productivo y no a un valor inflado por una especulación determinada por la puja incesante de las muchedumbres expoliadas, siempre dispuestas a sacrificar las condiciones de vida propias y de los suyos en el afán de encontrar una chacra donde levantar su rancho.
4°) Fomentar asociaciones cooperativas encargadas del comercio mayorista de productos del campo y de los precios, del suministro de maquinarias u otros elementos para el desarrollo rural.
5°) Estimular la formación y capacitación profesional, incumbiéndole al Estado el derecho de supervisión. A su vez, otorgar créditos estatales para el desarrollo productivo rural (y con el más severo proceder contra la usura).
6°) Nacionalizar o expropiar tierras en posesión de no-argentinos y establecer un proteccionismo arancelario en defensa del sector frente a productos primarios extranjeros.

Lo fundamental y decisivo es que la Reforma Agraria se debe establecer en todos los rincones de la Patria, sin perder jamás su norte principista en el sentido de ser el instrumento de la liberación del campesino y de ser la realización de la Justicia Social en el agro. Es importante reafirmar que debe garantizar una función social dentro de un ordenamiento de Bien Común. La tierra debe ser para el campesino argentino; para el pequeño y mediano propietario; para el compatriota que hunde en ella sus manos y crea riquezas para todos; para el Hombre que, en fin, lucha y enraíza su propio destino en los surcos profundos y forjadores de la vida.

Para ello se deberá atacar la raíz del problema y con un gobierno auténticamente nacionalista. Con hidalguía y honor tenemos que seguir dando batalla para que el campo sea verdaderamente nacional y social-patriótico. Es como lo sostenía José Gervasio Artigas, el "Protector de los Pueblos Libres", al promulgar su famosa Reforma Agraria en septiembre de 1815 en la Banda Oriental (provocando na verdadera conmoción social): "Los negros libres, los zambos de toda clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suerte de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad...".




DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL / GENTE EN ACCIÓN ZONA SUR, 29/10/2013

miércoles, 16 de octubre de 2013

17 DE OCTUBRE DE 1945: LA MISMA LUCHA, LA MISMA ENTREGA


El clima previo

En el marco de la triunfante Revolución Nacional del 4 de junio de 1943, el coronel Juan Domingo Perón se había destacado al frente de la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Y a través de numerosos decretos-leyes llevó adelante una amplísima política de reivindicación hacia los trabajadores, de Justicia Social y distribución de la riqueza (como nunca antes se había dado en nuestro país).

Su popularidad va a ir creciendo cada vez más, y a esto hay que agregarle que desde principios de 1944 Perón va a ostentar el Ministerio de Guerra, y desde junio de ese año, la vicepresidencia de la Nación. Pero el triunfo aliado en la 2da. GM va a dar un vuelco a la situación: Desde mayo de 1945 va a ser su arribo a nuestro país un personaje de suma importancia por todos los hechos posteriores, el embajador de EEUU Spruille Braden, quien durante más de cuatro meses será el conductor de la oposición, dentro de la cual estará la estructura de la UCR, el partido socialista, el partido comunista y los conservadores.

De esta forma los tradicionales sectores de poder van a presionar al presidente Farrell para quitar de los principales cargos a las figuras más opuestas a sus intereses. El gobierno estaba cada vez más cercado por una importantísima fuerza opositora: La embajada norteamericana; la Unión Industrial Argentina; la Sociedad Rural Argentina; la Bolsa de Comercio; la Federación Universitaria Argentina; las asociaciones de comerciantes y ganaderos; los tradicionales partidos políticos; la totalidad de la Marina que era netamente anti-peronista como así también un importante sector del Ejército.

El día 8 de octubre, el enfrentamiento entre Perón y el general Eduardo Ávalos, Jefe de Campo de Mayo –la guarnición militar más poderosa del país– va a acelerar las cosas. La oficialidad superior le va a pedir que renunciara a sus tres cargos, y producto de una permanente presión el coronel va a renunciar al día siguiente. De manera ingenua Farrell creía que la situación política se descomprimía. Sólo la miopía política podía ignorar todo lo que iba a venir. El 13 de octubre Perón llegó en calidad de detenido a la isla Martín García. Y la noticia de la renuncia fue un verdadero impacto emocional, una verdadera bomba de tiempo. Para ser resguardado porque se temía que se atentara contra su vida, Farrell va a ordenar su detención. Era el triunfo de la Anti-Patria, de la oposición a una Nación independiente, justa y soberana. La defenestración hacia Perón y la reacción anti-militarista nacionalista y anti-obrera dio lugar a la aparición de personeros vinculados al antiguo régimen del fraude, de la corrupción y el entreguismo.


La gesta nacional y popular en marcha

El grito del pueblo a toda esta dramática situación se hizo sentir y de manera única. Comenzaron a levantarse huelgas y manifiestos de protestas de los sindicatos. La CGT va a decretar una huelga nacional por espacio de 24 hs. y para el día 18 de octubre. Sin embargo, y de manera espontánea, el pueblo trabajador va a ser el principal protagonista, arrasando con todo y exigiendo como única consigna la liberación del Líder de los Trabajadores. Y desde la isla Martín García el desterrado va a pedir su restitución a Buenos Aires, a lo que el presidente Farrell va a acceder trasladándolo al Hospital Militar de esta ciudad.

Desde la mañana de ese famoso miércoles 17 de Octubre la masa trabajadora empezó a volcarse de manera masiva hacia la Capital Federal, recibiendo el rechazo y el odio visceral de los capitalinos. Era una verdadera marea humana la que una y otra vez pasaba,  proveniente más que nada de las zonas industriales del conurbano. Nadie los conducía, y el objetivo era arribar a la Plaza de Mayo.

Para descomprimir la situación desbordante el general Ávalos (designado Ministro de Guerra) se entrevistó con Perón en el Hospital Militar. Y al regresar a la Casa de Gobierno (allá por las 21 hs. de esta jornada histórica) se comunicó telefónicamente con Campo de Mayo para hacerle saber a la oficialidad superior que Perón hablaría desde el balcón de la Casa Rosada. La noticia confundió y contrarió a estos militares (que se habían jugado el todo por el todo por el derrocamiento de Perón). Pero ya era tarde para reaccionar.

A las 21.45 hs. Perón ya estaba con el presidente Farrell y ambos se dirigieron hacia la casa de Gobierno. El número de concurrentes se situó entre las 200.000 y 300.000 almas. Y a esto hay que agregarle la permanente tensión de la gente que de manera infatigable seguía aclamando el nombre de Perón y reclamando sí o sí su presencia. Poco después de las 23 hs. Perón salió al balcón estallando una impactante ovación por espacio ininterrumpido de 15 minutos.

Posteriormente Farrell logrará hacerse oír  pero más que un discurso era una presentación hacia el hombre que había sabido ganarse el corazón de millones de argentinos. Y cuando por fin el gran triunfador de la memorable jornada pronunció su primera palabra que fue “¡Trabajadores!” una nueva explosión de júbilo se hizo sentir.  Luego de su memorable discurso, la consecuencia lógica desde lo político fue la renuncia de Ávalos al frente del ministerio de Guerra.


Conclusión

El 17 de Octubre de 1945 fue sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia argentina, la movilización más emblemática en la historia de las luchas sociales. Lo que se puso en juego fue la Justicia Social, como en otros tiempos fue la emancipación, la independencia, la forma de gobierno o el voto.

Fue una epopeya verdaderamente memorable, un verdadero despertar de la Patria Grande, o como diría Raúl Scalabrini Ortiz “el subsuelo de la Patria sublevado”. El triunfo del Honor y de la Dignidad de todo un pueblo que comprendió cabalmente que peligraba el destino de la Patria, jugándose la vida para que triunfase la Justicia y la Verdad. El hecho que marcó el fin de una Argentina para dar comienzo a otra Argentina. Un verdadero espejo en el cual nos tenemos que mirar todos los argentinos hoy más que nunca ante tanta miseria humana, ante tanta degradación social, entrega del patrimonio nacional y corrupción organizada.

El 17 de Octubre es la vigencia de una lucha, porque el verdadero Nacionalismo es aquel que tiene una fuerte impronta socialista, el que profesa y pone en práctica un absoluto contenido de Justicia Social y de amor a  la Nación como sin lugar a dudas lo fue el peronismo.



DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL / GENTE EN ACCIÓN ZONA SUR, 16/10/2013

martes, 10 de septiembre de 2013

¿QUÉ ES EL NACIONALISMO?


El Nacionalismo es una cosmovisión (en el sentido de un sentimiento de fondo) para que un pueblo tenga una vida orgánica, sana y natural. Esta cosmovisión se plasma en una doctrina (o cuerpo de ideas rectoras) y se pone en práctica a través de un movimiento político de resuelto espíritu de lucha. De aquí la famosa expresión “unidad de concepción para la unidad de acción”.

Los ejes vertebradores de la doctrina nacionalista son cuatro: la Soberanía Política; la Independencia Económica; la Justicia Social y la defensa de los valores nacionales. El fin último y absoluto es el establecimiento del Bien Común en toda la Nación, en todo un pueblo con destino de grandeza.

En la Soberanía Política se encuentra la capacidad propia de decidir y sin ningún tipo de manipulación extranjera. En la Independencia Económica está implícita la idea de romper lazos con el sistema plutocrático-capitalista (que asfixia a las naciones del mundo con sus diferentes estructuras económicas de dominación), estableciendo una economía que se subordine a las verdaderas necesidades humanas de los argentinos y no a la especulación agiotista, a la usura o ingreso de dinero sin esfuerzo.

La Justicia Social implica la puesta en práctica de un auténtico socialismo, de una verdadera representación y amplísima reivindicación de intereses sociales, poniendo a la Comunidad Nacional en el centro de la vida del país y por consiguiente entendiéndola como lo más valioso. La defensa de los valores nacionales busca resaltar siempre la memoria colectiva y la tradición de todo el pueblo, requisito fundamental para entender de dónde venimos y hacia dónde vamos.

De lo anterior se desprende claramente que el Nacionalismo no se reconoce en ninguna de las categorizaciones ni etiquetas del Sistema. Es decir, que no está ni a la derecha, ni a la izquierda ni al centro del actual Sistema o Régimen de Dominación, que tampoco es “oligárquico” o “capitalista” sino que se planta en la vereda de enfrente. Por consiguiente  no es una simple “ideología” o “fenómeno político”. El Nacionalismo (al ser cosmovisional) se halla en la esencia misma de un pueblo que tiene arraigo a una tradición y a un suelo, a una Comunidad Nacional con valores propios.

Pero la concepción cosmovisional e ideológica del Nacionalismo, por más que se defina como la más justa y noble, no tendrá sentido si sus principios doctrinarios no se acoplan a un movimiento de total acción. El nacionalista comprende cabalmente que la única manera de amar a la Patria consiste en sacrificarse por ella.

También es muy importante señalar que la personalidad juega un rol vital, ya que toda gran idea llevada adelante siempre es el resultado de la gran capacidad creadora de un hombre. Esto genera como consecuencia la conformación de una autoridad política legítima, la mejor, la más apta y de mayor capacidad de mando; que precisamente por su grandeza y personalidad no sólo será agradecida ante los demás, sino que generará la unión de toda la Comunidad afín a la Tradición y al Ser Nacional.

Y esa autoridad política, legítima y con libertad de acción propia, ejercerá siempre soberanía política y nacional. Garantizará a sangre y fuego el “señorío de lo propio”, en donde hasta el ínfimo de los argentinos tendrá un trato de honor.

Ahora bien ¿creemos que podemos ser todos nacionalistas por el sólo hecho de querer lo mejor para el país o por sentirnos identificados con nuestros valores? La única manera de amar a la Patria consiste en sacrificarse por ella. Para emprender este noble y heroico sacrificio primero debemos tener un sincero y auténtico cambio interno. Estar plenamente identificados y esclarecidos por la Causa a defender, construyendo una personalidad caballeresca y una voluntad firme que nos haga trascender como verdaderos patriotas.

La lealtad a los principios rectores del Nacionalismo, ganando las calles con arrojo y valor, siempre nos hará indestructibles. Fortalecidos de manera conjunta, el Orgullo Nacional común a todos será como una coraza indestructible. 

  

DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL / GENTE EN ACCIÓN ZONA SUR, 10/09/2013

lunes, 2 de septiembre de 2013

HACER SABER LO QUE SUCEDE


Hacer saber lo que sucede,
dejar de ser parte de la sumisión
a la que está sometido el pueblo
es ayudar a abrir los ojos,
a despertar del gran sueño de la perversidad
al que nos someten
los tiranos de la “democracia asesina” reinante.

Hacer saber por todos los medios posibles
el mal enfermizo
al que nos están llevando
es hacer resucitar a la sociedad.

Dar a conocer sus males para así levantar al pueblo
de la decadencia a la que llevaron  sus filosofías
de llevarse todo a través del terror instalado por sus
grupos delincuenciales que someten
a nuestra sociedad a “guardarse”,
para así sobrevivir…
a la “caza de brujas” del honesto, del trabajador.

Ese es el instrumento necesario
para poder seguir exterminando al pueblo,
su dignidad, su honor.

Se debe hacer saber lo que se esconde,
realzar la grandeza del pueblo,
la unión de las masas para hacer oír su paso,
crear un solo pensamiento de unidad,
hermandad, solidaridad y AMOR A LA PATRIA,
sólo eso puede hacer resurgir la dignidad robada
de un pueblo que Antares, unidos,
lograron ser LA GRAN NACIÓN
que hoy día quieren destruir.



VÍCTOR – GENTE EN ACCIÓN BERAZATEGUI, 2/09/2013

sábado, 17 de agosto de 2013

SAN MARTÍN COMO ESTIRPE DE LA PATRIA


¿Por qué es el Padre de la Patria? Sin lugar a dudas porque fue el gran referente de las luchas de independencia de nuestro país y de Hispanoamérica en general. Y esto a pesar de la falta de apoyo de los diferentes gobiernos unitarios de la época, en definitiva gobiernos criminales que sólo se inspiraron en Inglaterra y que siempre demostraron estar de espaldas a la realidad del país.

Como verdadero impulsor del Congreso de Tucumán impregnó de heroísmo y de firme decisión a los diputados que allí asistieron, en un momento híper-difícil ya que parecía que nuestras armas se desmoronaban ante los españoles. La batalla de Sipe-Sipe, librada en octubre de 1815 en el Alto Perú y a pocos meses de la apertura del Congreso va a dejar un saldo de 2000 muertos en nuestras filas y va a generar una gran desbandada, finalmente compensada con las gloriosas milicias salto-jujeñas del enorme Martín Miguel de Güemes y como apoyo al Libertador.

Y lo que precisamente constituyó el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía fue la Declaración de la Independencia del 9 de julio de 1816, que se ratificó el día 19 de julio de ese mismo año con el agregado al Acta de la frase “libre e independiente de toda forma de dominación extranjera”, realizado esto último a instancias del diputado sanmartiniano por Buenos Aires Pedro Medrano. Y en ese espíritu libertario y de sacrificio San Martín siempre se va a reconocer en los valores tradicionalistas heredados, haciendo causa común con el federalismo y en especial con el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas.

Como verdadera autoridad moral, como legítima jerarquía conductora y uno de nuestros principales próceres nos dio una verdadera lección. En estos tiempos de corrupción organizada, de desgobierno y manipulación de nuestra clase política gobernante nos dejó como legado fundamental que debemos tener dignidad.

Que debemos ser independientes de toda forma de dominación extranjera. Que debemos dejar de lado el “pacifismo”, esto es, la paz acordada a cualquier precio y a merced de la voracidad de los poderes mundialistas. Que debemos dejar de lado todo “espíritu” de codicia y de dinero a costa de la degradación de la mayoría. Que debemos trascender como personas con un espíritu heroico ante la vida y en el sentido de hacer efectivo el postulado “el Bien Común debe estar por encima del bien personal”. En definitiva, toda empresa libertadora y patriótica debe estar por encima de cualquier egoísmo sectario.

La “Paz del Honor” consiste en ejecutar la libre autodeterminación de nuestro querido país con respecto a los poderes financieros globalizantes y en referencia también a sus entreguistas locales. En este sentido fue muy famosa la Proclama del Libertador dirigida a sus tropas de Chacabuco y Maipú luego de haber repasado la Cordillera de Los Andes para acudir en ayuda al Río de La Plata: “La guerra la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que trabajen nuestras mujeres, y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, que lo demás no importa nada”.

  ¿Cuál es nuestro deber entonces? Los argentinos que verdaderamente admiramos al Libertador General Don José de San Martín debemos dejar de lado la comodidad burguesa y emprender acciones que verdaderamente valgan la pena; promover de manera decidida la irrestricta y total defensa sobre lo que se nos obligó a mantener –como legado histórico– en lo proclamado los días 9 y 19 de julio de 1816 en el sanmartiniano congreso de Tucumán. Tener orgullo de destino propio… tener estirpe y sentimiento de Patria.



DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 17/08/2013

lunes, 12 de agosto de 2013

12 DE AGOSTO, DÍA DE LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES


A las 15 horas de aquel 27 de junio de 1806 las tropas inglesas entraban a la ciudad de Buenos Aires en medio del estupor y la indignación generalizada del pueblo. Una hora después, William Carr Beresford -general en jefe de las tropas invasoras- arribó al Fuerte que se rindió sin combatir. Y por primera vez flameó allí la bandera imperialista inglesa. Los más altos funcionarios juraron de inmediato fidelidad al rey inglés Jorge 3°, salvo muy honrosas excepciones como Manuel Belgrano. A continuación Beresford estableció, como nuevo gobernador de la ciudad, la libertad de comercio para favorecer la entrada de productos ingleses.

Pero vendría la reacción de criollos y patriotas. Santiago de Liniers y Bremond, capitán de navío al servicio de España y ubicado en la Banda Oriental, logró reunir 1.000 hombres y cruzó el Río de La Plata. Con la suma de más voluntarios sus tropas avanzaron hasta Retiro desalojando a los ingleses (1.200 soldados aproximadamente) produciendo así el repliegue de éstos hacia la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) y hacia el mismísimo Fuerte.

El día 12 de agosto de 1806, con la incorporación de más voluntarios hasta casi duplicar las fuerzas iniciales, Liniers atacó la Plaza por cuatro puntos. La defensa inglesa cedió, lo que generó un repliegue hacia el interior del Fuerte, abriéndose un intenso fuego con los mismos cañones abandonados por el enemigo. Fue ni más ni menos que el Día de la Reconquista. Inmediatamente el general invasor firmó la capitulación ante el Héroe de la épica jornada y evacuó sus naves. Los ingleses sufrieron 417 bajas, mientras que los criollos 180 entre muertos y heridos.

Tres fueron las consecuencias inmediatas: 1°) El surgimiento de Liniers como conductor natural; 2°) Su designación como Jefe militar en Buenos Aires por un cabildo abierto (que también cuestionará duramente la inacción del virrey Sobremonte) y 3°) La creación de milicias criollas ante un nuevo ataque que se esperaba (y como finalmente sucedió en 1807). El Regimiento de Patricios, conducido por Cornelio Saavedra, fue el más importante.

¿Por qué el Día de la Reconquista fue un hecho trascendental para los argentinos? Porque fue el primer gran ejemplo de nuestra verdadera argentinidad. El rescate de la verdadera historia de la Patria, como sin lugar a dudas se encuentra en esta gloriosa epopeya de armas, debe servir como punto de arranque. Debe servir de ejemplo para reconquistar precisamente a la Argentina de todo ese espíritu entreguista y corrupto de los gobiernos de turno.

Es que precisamente, las invasiones inglesas hoy en día existen en nuestro país: ¿Por qué el Capital Internacional opera en nuestro país perjudicándose la industria nacional? ¿Por qué le seguimos pagando a la Usura Internacional la fraudulenta e ilegítima deuda externa? ¿Y Malvinas, la minería, el petróleo, la depredación de nuestro mar y las hectáreas para la actividad primaria? ¿No está la invasión inglesa en todo esto?

Si los argentinos pretendemos reconquistar en la actualidad un país independiente –que en los hechos no existe– no podemos dejar de lado la verdad histórica. Y esta verdad tuvo en su origen el Triunfo de todo un pueblo consciente que rechazó abiertamente a los invasores ingleses, donde se derrotó a la mayor potencia mundial de la época. En esencia un legado y ejemplo a seguir.

¡Gloria y Honor a los Héroes de la Reconquista de Buenos Aires! ¡Gloria y Honor a su máximo Conductor, Don Santiago de Liniers!



DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 12/08/2013