jueves, 17 de agosto de 2017

SAN MARTÍN, EL PADRE DE LA PATRIA


  Para el Nacionalismo Social Argentino, San Martín es el Padre de la Patria por tres motivos fundamentales.

  En primer lugar porque defendió sistemáticamente el patriotismo argentino como valor absoluto en sí, como cultura, como postura ante la vida, como postura ante los inconvenientes que plantea la existencia humana. Y dentro de ese Ser Nacional defendió a capa y espada nuestros valores tradicionalistas, nuestras costumbres. En ese Espíritu de Bien Común que siempre lo caracterizó, la consecuencia lógica fue hacer causa común con el Federalismo Argentino, y en especial con el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Vaya reconocimiento para el Defensor de nuestra Soberanía Nacional contra la agresión colonialista francesa de 1838 y contra la agresión colonialista anglo-francesa de 1845. En este sentido, esto expresa el artículo 3° de su famoso testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”.

  Además, San Martín fue el verdadero impulsor del Congreso de Tucumán en 1816, impregnando de heroísmo y de firme decisión a los diputados que allí asistieron, en un momento sumamente difícil ya que parecía que nuestras armas se desmoronaban ante los españoles. Defendió la dignidad de Patria. Nos enseñó que todos debemos ser solidarios, que todos debemos trabajar incansablemente para que en la República Argentina no haya un solo infeliz que sufra el desamparo y la desgracia. Y esto a pesar de los obstáculos, de los gobiernos indiferentes ante la desgracia social como el actual que tenemos o como los gobiernos insensibles unitarios sufridos por el Libertador y por los argentinos mismos de esa época. San Martín nos da el claro ejemplo también de que no se hacen patriotas con discursos. De que se es verdaderamente patriota o nacionalista solamente por el alto grado de sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Que para que exista un verdadero Patriotismo se debe poseer una aguda sensibilidad social, como él poseía de sobra; que debe haber un total desprendimiento de egoísmos sectoriales que nos haga ver que antes que nada primero está el Bien Común, la felicidad y el progreso de todo un Pueblo, como él mismo arengó una y otra vez.

  En segundo lugar es el Padre de la Patria porque siempre buscó la unidad de todos los argentinos. Siempre buscó esa unidad en un momento muy difícil a nivel interno por la cruenta lucha entre unitarios y federales. Y en aras de esa unidad, de esa difícil unidad, nunca participó en las guerras civiles del país. Sólo dedicó todo su esfuerzo en la liberación continental. En referencia a su firme determinación de no participar en las guerras civiles argentinas, por ejemplo, en marzo de 1819, le escribió una carta al caudillo oriental federal José Gervasio Artigas, expresándole: “Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos todo, y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieran atacar nuestra libertad. No tengo más pretensiones que la felicidad de la Patria. Mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas”

  Cuando se le ordenó desde el gobierno de Buenos Aires que suspendiera ni más ni menos que la campaña libertadora y regresara al territorio nacional, que pusiera al Ejército Libertador al servicio de una de las facciones internas en lucha, la centralista-oligárquica-unitaria, y que solucione como por arte de magia el enfrentamiento con el Federalismo, sobre todo en el litoral, San Martín se negó rotundamente. Su pureza radicó en que nunca pensó, ni remotamente, en derramar una sóla gota de sangre entre argentinos. San Martín fue rechazado y difamado por uno de los personajes más nefastos del cipayismo extranjerizante, Bernardino Rivadavia, el hombre fuerte de los gobiernos reformistas de Buenos Aires en la década del ’20 y el tristemente hacedor de nuestra primera e ignominiosa Deuda Externa, contraída en 1824 con la banca financiera inglesa Baring Brothers.

  Rechazado y difamado por Rivadavia, San Martín ni siquiera pudo asistir a los últimos días de vida de su esposa, Remedio de Escalada, terminando de abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes. Intentó regresar Buenos Aires en 1828, pero no bajó del barco en donde venía ante la guerra civil desatada por el General unitario Lavalle. Luego de pasar por Montevideo regresó a Europa con destino definitivo hasta el día de su fallecimiento.

  En tercer lugar es el Padre de la Patria por los altos valores éticos y morales que siempre puso en práctica como Padre de Familia. En 1825 escribió un listado de consejos para su hija Mercedes, un listado en donde reflejó, en donde volcó sus ideales educativos, su amor como gran padre: 1°) Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aún con los insectos que nos perjudican. 2°) Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira. 3°) Inspirarle gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto. 4°) Estimular en Mercedes la caridad a los pobres. 5°) Respeto hacia la propiedad ajena. 6°) Acostumbrarla a guardar un secreto. 7°) Inspirarle sentimiento de respeto hacia todas las religiones. 8°) Dulzura con los criados, pobres y viejos. 9°) Que hable poco y lo preciso. 10°) Acostumbrarla a estar formal en la mesa. 11°) Amor al aseo y desprecio al lujo.

  Un dato que muy pocos saben: El 24 de agosto es Día del Padre en la provincia de Mendoza, en honor al nacimiento de su hija Mercedes Tomasa, su única hija y futura compañera de exilio quien había nacido precisamente el 24 de agosto de 1816 en Mendoza. Esta es una gran iniciativa pero nos quedamos cortos. El 24 de agosto debería conmemorarse el Día del Padre en toda la Argentina. Más allá de las batallas y de las enfermedades, José de San Martín y su hija Mercedes Tomasa permanecieron cerca, aunque distara entre ellos cientos de kilómetros. Estuvieron siempre fuertemente unidos a través de una relación signada por el respeto y el cariño. La siempre agitada tarea del General no fue excusa para desentenderse de la educación de su única hija. Si bien se preocupó por formar a una ‘tierna madre y buena esposa’, no se olvidó de estudiar en detalle qué conocimiento se le impartía a la niña. El Libertador no se cansaba de repetir que ‘sin educación no hay sociedad’, y este concepto se lo transmitió a su hija durante toda su vida.

  En síntesis, en San Martín como Padre de la Patria se ve una actitud de servicio llena de máximo patriotismo; se ve una anhelada unidad nacional; se ve una gran honradez y una gran ética por la educación y los altos valores morales que le inculcó a su hija. En estos tiempos de falta de valores morales, de televisión basura, de tanta corrupción organizada, de desgobierno, de una cada vez mayor concentración de la riqueza en sanguijuelas internacionalistas, de degradación social, de indiferencia ante los que más sufren, de servilismo ante los poderes mundiales y de manipulación demagógica todavía vigente, el Libertador nos deja como legado fundamental a todos los argentinos de bien que debemos tener Dignidad. Que debemos dejar de lado toda codicia materialista, todo egoísmo sectario, toda actitud burguesa y pasiva ante los graves y estructurales problemas que tenemos como país. Que debemos trascender como personas con un espíritu heroico ante los problemas de la vida; que debemos conquistar un Señorío de lo Propio, ser independientes de toda forma de dominación extranjera.

  La sanmartiniana Paz del Honor consiste en ejecutar la libre autodeterminación de nuestro querido país con respecto a los poderes financieros globalizantes y en referencia también a sus entreguistas locales. Unión, esfuerzo, sacrificio, firmeza, iniciativa, desprendimientos, solidaridad, ética, moral libertaria. Es que ya lo decía con claridad meridiana el mismísimo Libertador al afirmar: “Para defender la causa de la Patria no hace falta otra cosa que Orgullo Nacional”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera vecinal,
Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

17/08/2017

domingo, 23 de julio de 2017

JAIME MARÍA DE MAHIEU, SU GRAN LEGADO


  Jacques Marie de Mahieu, nacido el 31 de octubre de 1915 en París, fue un destacadísimo sociólogo, antropólogo, filósofo, historiador, profesor, pensador e intelectual preocupado por la cultura de su tiempo. Fue Licenciado en Filosofía, doctor en Ciencias Políticas, doctor en Economía y doctor honoris causa en Medicina.

  De sólida formación nacionalista, fue un activo militante del movimiento monarquista francés Action Française y luego colaborador del régimen de Vichy. Formó parte de la división francesa Carlomagno, una de las que combatió contra los soviéticos frente a la Cancillería de Berlín.

  Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial arribó a la Argentina y se naturalizó como Jaime María de Mahieu. Enseñó economía, etnografía y lengua francesa en la Universidad Nacional de Cuyo de 1948 a 1955 y en la Universidad del Salvador de 1964 a 1965. Fue miembro de la Academia Argentina de Sociología durante el período 1952 – 1955 y también profesor titular, vicerrector y decano de la Facultad de Ciencias Sociales de Buenos Aires de 1962 a 1968. A su vez profesor titular y director del Departamento de Antropología de la Universidad de Buenos Aires de 1972 a 1976 y director del Instituto de Ciencias del Hombre desde 1968.

  Con el golpe de Estado que derrocó al General Perón el 16 de septiembre de 1955 De Mahieu se exilió en Brasil. En la década del ’60 se convirtió en uno de los ideólogos del Nacional-justicialismo como así también fue secretario de la Escuela Superior de Conducción Peronista y formador de jóvenes militantes de la organización nacionalista Tacuara. Posteriormente militó en la Argentina en CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa) hasta su muerte acaecida en 1990.

  Sus obras fueron realmente muy destacadas. Entre sus libros dedicados a los orígenes de la población americana se destacan El gran viaje del Dios Sol (1971); La agonía del Dios Sol (1972); Los vikingos en América del sur (1974); Las inscripciones rúnicas precolombinas en el Paraguay (1973); La Geografía secreta de América (1978) y El Rey vikingo del Paraguay (1979). En tal sentido desarrolló una gran labor de investigación en todos los países sudamericanos organizando numerosas expediciones científicas y trabajos arqueológicos, y demostrando con puebas irrefutables no sólo la existencia sino el desarrollo de una gran civilización vikinga mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón “el embustero” (a decir del autor) a América.

  En el plano económico desarrolló los fundamentos de una economía comunitaria, un anti-capitalismo con tendencia socializante pero ideológicamente anti-marxista. Estas teorizaciones las expuso en su famoso libro El Estado Comunitario (1964), donde se hace un análisis a fondo sobre el concepto de Estado desde una concepción de “Comunidad Organizada”, desnudando el tradicional concepto de Estado oligárquico-capitalista funcional a los poderes mundiales y que de Mahieu va a asociar con una “capa dirigente usurpadora”. En referencia a la idea de Estado Comunitario sostiene: “El Estado es legítimo en la medida exacta en que realiza la síntesis comunitaria. No hay, por tanto, Estado ilegítimo, pues el grupo que asumiera sin cumplir con ellas las funciones de conciencia, de mando y de síntesis de la Comunidad no sería un Estado”.

  Y en otra parte de su monumental obra afirma: “Sólo por una abusiva simplificación de lenguaje hablamos de Estado usurpador. No hay sino Estado usurpado, o mejor dicho Estado ocupado. Debajo de la ocupación oligárquica o tecno-burocrática, el Estado subsiste, legítimo en la medida en que asegura la permanencia de la Comunidad. Pero está avasallado por una minoría usurpadora que limita su soberanía subordinando a intereses particulares el poder que él conserva, y falseando así el proceso de síntesis, que sigue desarrollándose, aunque de modo insatisfactorio”.

  Fundamentos de Biopolítica (cuya primera edición en francés dio a la luz en 1969 y en español recién en 1977) es otra de sus grandes obras, donde el autor expone los fundamentos biológicos de la dinámica social, abordándose temas de vital importancia como el factor étnico en los conflictos humanos, la naturaleza del racismo, los tipos y razones de la inmigración como así también la decadencia de la sociedades. En tal sentido De Mahieu sostiene que en todas las esferas de lo humano, desde el color del pelo hasta los caracteres biopsíquicos, el componente hereditario tiene algún peso.

  Que si heredamos en una cierta proporción el color de los ojos y la estatura o la predisposición a enfermedades complejas, no hay razón para pensar que el componente hereditario no sea significativo en cuanto a capacidades psicológicas y aptitudes de la propia personalidad. El núcleo del principio biopolítico del autor se centra en que un hombre, lejos de ser una tabla rasa, viene al mundo con unos rasgos biológicos que interaccionan con el medio ambiente dentro de una comunidad humana también biológicamente condicionada. Y a partir de allí de Mahieu intenta delinear las leyes que rigen la dinámica de las comunidades humanas.

  Otro de sus aportes decisivos fue Tratado de Sociología General (1968) en donde ahondó desde un punto de vista morfológico el concepto de grupos sociales, asociaciones, comunidades, estratos sociales y conjuntos amorfos. A su vez, teniendo en cuenta la demología analizó el volumen de la población, la raza, la estratificación cualitativa, las migraciones. Desde un punto de vista dinámico la evolución, cambios estructurales y movilidad social, los cambios infra estructurales y super estructurales.

  Y desde el punto de vista de la patología analizó la desintegración social desmenuzando conceptos como individualialismo, igualitarismo, masificación, promiscuidad sexual, inestabilidad familiar, factrores de poder disolventes). A su vez cuales son los factores esenciales que inciden en el desorden demológico, como así también la descomposición que generan en la vida social tanto el liberalismo como el materialismo.

  Jaime María de Mahieu murió el 12 de mayo de 1990 en Buenos Aires. Fue una verdadera eminencia. Dejó un legado impresionante de obras y de las más variadas disciplinas: Historia, Economía, Ciencias Políticas, Filosofía, Sociología, Biopolítica, Doctrina Nacionalista. Su aporte fue realmente decisivo, sus sólidas tesis y fundamentos en referencia a la cultura de su tiempo marcaron un antes y un después. Sin lugar a dudas el Gran Referente Histórico para el estudio y comprensión integral de la Sociedad y del Hombre. 



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

24/07/2017

lunes, 26 de junio de 2017

ARTURO JAURETCHE Y EL SER NACIONAL


  Arturo Martín Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901 en la localidad de Lincoln, provincia de Buenos Aires. Fue un destacado intelectual criollo, uno de los panegiristas más importantes de la cultura y el Ser Nacional. Crecido y marcado en un ambiente políticamente conservador por parte de su padre, su encuentro con Hipólito Yrigoyen, el 12 de septiembre de 1919 (en el marco de una reunión con estudiantes reformistas), lo marcó definitivamente en sus actitudes políticas.

  En 1920 se trasladó a Buenos Aires y continuó sus estudios recibiéndose de abogado. Con el advenimiento de la Década Infame participó en las luchas y conspiraciones radicales. Formó parte del frustrado alzamiento militar de 1933 realizado en la provincia de Corrientes y encabezado por los coroneles Roberto Bosch y Gregorio Pomar, siendo posteriormente encarcelado. El 29 de junio de 1935, y junto a destacadas personalidades como Homero Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Raúl Scalabrini Ortiz y Manuek Ortiz Pereyra fundó FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), una línea interna nacionalista yrigoyenista dentro de la Unión Cívica Radical en abierta disidencia al oficialismo alvearista.

  Bajo el lema "somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre" FORJA esclareció sobre los mecanismos económicos del neocolonialismo, así como el comportamiento ilegítimo de las empresas y capitales extranjeros en la monopolización de sectores claves de la economía. FORJA denominó como "estatuto del coloniaje" al conjunto de medidas políticas, económicas y sociales llevadas adelante por los diferentes gobiernos de la Concordancia. En sus Cuadernos se criticaban las medidas del gobierno conservador del General anglófilo Agustín P. Justo, sobre todo a partir del ignominioso pacto Roca-Runciman de 1933. A su vez, que el Banco Central había sido fundado para que agiotistas ingleses controlaran el sistema monetario y financiero argentino, como así también que se había conformado la Corporación del Transporte para que los ferrocarriles británicos no tuvieran competencia. Con respecto a la política interior, aducían que el gobierno de Justo intervenía las provincias donde ganaban partidos opositores al gobierno, denunciando la pauperización del salario y el aumento de la desocupación.

  Con el advenimiento del peronismo FORJA se disolvió el 24 de febrero de 1946, considerando que Perón había inaugurado una política nacional y de recuperación de la soberanía contra el capitalismo extranjero. Jauretche valoró la experiencia peronista positivamente, a pesar de ciertas disidencias con Perón. Durante el primer gobierno peronista fue Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, desde donde promovió una política de apoyo a las empresas nacionales. Posteriormente renunció por disidencias con el nuevo equipo económico de Perón y se retiró a la vida privada. Tuvo una intensa participación en la resistencia peronista después del golpe militar que derrocó al Líder de los Trabajadores en 1955. Y desde su trinchera de resistencia cultural fundó el semanario El '45 para defender lo que consideraba los 10 años de gobierno popular, criticando duramente la acción política, económica y social del régimen de facto, pero fue clausurado al tercer número. Colaboró además en los Semanarios "Azul y Blanco" y "Segunda República", y la dureza de su oposición le valdría la persecución política y el exilio en Montevideo.

  La obra de Jauretche —y la de la intelectualidad forjista en general— fue uno de los ejes claves para la transformación del revisionismo histórico, en el sentido que pasó a repensarse como expresión de lo popular en un amplio sentido. Sus obras más destacadas fueron: El Plan Prebisch. Retorno al Coloniaje (1955); Los Profetas del Odio (1957), donde dio a entender cuál era la principal oposición al desarrollo nacional, vale decir lo que él denominaba “la intelligentsia liberal y cosmopolita”; Ejército y Política. La Patria Grande y la Patria Chica (1958); Política Nacional y Revisionismo Histórico (1959); Prosas de Hacha y Tiza (1960); FORJA y la Década Infame (1962); Filo, Contrafilo y Punta (1964); El Medio Pelo de la Sociedad Argentina (1966) y Manual de Zonceras Argentinas (1972).

  Al análisis de “zonceras” –difundidas desde la educación primaria y luego reafimadas por la prensa– dedicó muchas de sus más encendidas páginas y alegatos. Las veía como una pluralidad nacida de una “zoncera madre”, que no era otra que la dicotomía sarmientina de civilización o barbarie, identificando la primera con lo europeo y la segunda con lo propio americano. Sarmiento legó a los argentinos esa fatal dicotomía que condicionó intensa y prolongadamente la vida y el pensamiento del país, enseñando a denigrar lo propio. De ella surgieron otras, como aquella que reza que la extensión territorial es un mal, y que alimentó el plan de la Patria Chica que relegó al interior y no le importó perderlo, pues de lo que se trataba era de formular una política para Buenos Aires y sus alrededores, que ofrecían las condiciones necesarias para la nueva Europa con la que soñaban los liberales. La libre navegación de los ríos, la idea de que la victoria no da derechos o la afirmación de la superioridad del inmigrante sobre el nativo, eran otras “zonceras” derivadas y dirigidas a destruir el sueño de una Argentina soberana y próspera, confiada en sus posibilidades y su destino.

  Para Jauretche, la imposición de esa estructura mental es establecida por los intereses del colonialismo británico. De su análisis se desprende un plan consciente para mantener al país en un estado siempre de dependencia, conservando una estructura oligárquica agrícola-ganadera e impidiendo el ascenso social y político de las masas. La experiencia de Juan Manuel de Rosas en el siglo XIX y la de Hipólito Yrigoyen en el XX son vistas como dos intentos frustrados de salvar la Patria Grande, dos expresiones de lo auténticamente nacional tanto en materia política como económica, social y de relaciones exteriores. Lo que se impuso finalmente fue la Patria Chica del liberalismo con sus sueños de progreso y un ejército al servicio del cipayismo extranjero. Saludó el regreso de Perón en 1972, viéndolo como el retorno no de un hombre sino de una continuidad histórica interrumpida, no sin sentirse intranquilo por la tendencia de Perón y su entorno de no tener cuenta a los intelectuales, especialmente a los viejos luchadores como él. Pese a su permanente confianza en el papel de la juventud, sus últimos años fueron de disidencias con los sectores juveniles del peronismo, que habían adoptado la lucha armada.

  Arturo Jauretche murió el 25 de mayo de 1974 en Buenos Aires. Fue una verdadera pluma prolífica del Ser Nacional. Apostó siempre a que la actividad intelectual no debía quedarse en un mero filosofar sino que debía servir para desarrollar ideas-fuerzas y así contribuir a encontrar soluciones a los grandes problemas nacionales. No fue un filósofo en el sentido del hombre que busca la verdad por sí misma, siempre entendió esa búsqueda como un instrumento para lograr la grandeza del país y la felicidad del pueblo. Fustigó siempre el carácter abstracto de las ideologías, y en tal sentido su crítica se dirigió por igual tanto a la izquierda como a la derecha. La finalidad última de sus escritos fue crear una visión real de la Argentina, infundiendo la idea de una íntima relación entre Historia y Política. Por consiguiente, buscó siempre establecer un modo nacional de ver las cosas.

  En tal sentido se empeñó en dar a entender la Historia como el desarrollo de una antítesis Pueblo-Oligarquía, y a esta última como instrumento del colonialismo inglés. Y animado por ese espíritu opuso a la “pedagogía colonialista” una “pedagogía nacional”, que lo redefinió siempre en términos de una oposición entre las minorías extranjerizantes y opresoras y las mayorías populares y nacionales. Lo que impedía ese modo nacional de ver las cosas era un conjunto de principios introducidos en la formación intelectual de los argentinos desde la mismísima educación primaria. Arturo Jauretche consideró absolutamente prioritaria la Liberación Nacional, como así también el establecimiento de un Capitalismo Nacional y el pleno desarrollo de una Justicia Social. Sobre su capacidad de crear o adaptar términos para definir actitudes políticas, él mismo escribió sobre las palabras cipayo, oligarca y vendepatria. En estos tiempos de falsa democracia y de entreguismo partidocrático a los poderes mundiales su legado cobra más vigencia que nunca.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

26/06/2017

miércoles, 24 de mayo de 2017

CARLOS IBARGUREN Y EL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


  Fue un destacadísimo escritor, abogado, jurisconsulto e historiador revisionista. De prosapia patriota, nació en la provincia de Salta el 18 de abril de 1877, siendo su madre Margarita Magdalena Uriburu Castro y su padre Federico Eulogio Ibarguren Díaz (senador nacional, juez federal, interventor en Jujuy y ministro de la Corte Suprema de la Nación). En 1898 se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, destacándose como catedrático de Historia en el Colegio Nacional del Norte. Desde 1902 se destacó como profesor de Derecho Romano en la Universidad de Buenos Aires, dictando posteriormente el curso de Historia Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras, y luego dando cátedra por breve tiempo en la Universidad de La Plata. En 1904 se casó con María Eugenia Aguirre Lynch, con quien tuvo nueve hijos, entre los que se destacó Carlos Federico, historiador como su padre.

  Desde 1904 ocupó varios cargos gubernamentales. Bajo la presidencia de Roque Sáenz Peña (1910 – 1914) fue designado ministro de Justicia e Instrucción Pública, para luego seguir dentro de las filas de la Unión Cívica Radical por algún tiempo. En 1914 fue uno de los fundadores del Partido Demócrata Progresista junto a Lisandro de La Torre (1868 – 1939), desempeñándose como vicepresidente del mismo y convirtiéndose en opositor al gobierno de Hipólito Yrigoyen. A pesar de ello mirará con buenos ojos el rumbo que el caudillo radical le daba a la Argentina en el plano internacional, especialmente la firme y decorosa neutralidad con que supo mantener al país durante la Primera Guerra Mundial. Fue elegido como candidato demócrata progresista para las elecciones presidenciales de 1922, aunque sólo logró obtener el 7,7% de los votos.

  Su liberalismo ideológico fue cambiando durante la década del ’20 hasta madurar en el Nacionalismo. Y en este sentido expresaba: “Ahora es necesario organizar la nación para que en lugar del individualismo, que lleva consigo el germen de la anarquía, se imponga el concepto social y solidario de nación homogénea y en vez de la exaltación romántica de una absoluta libertad personal predomine un patrimonio espiritualista en el que el individuo debe su acción y hasta su sacrificio a la Patria que está representada por la Nación". Y precisamente, con la fundación en 1927 del periódico La Nueva República (fundado por los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, junto con Ernesto Palacio y César Pico) se sentaron las bases del Nacionalismo, que con el paso de los años cobró mayor forma y consistencia desde lo doctrinario.

  Tras el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 fue designado interventor federal de la provincia de Córdoba, desempeñándose además como presidente de la Academia Argentina de Letras, institución responsable del estudio y asesoramiento del uso del idioma español en la Argentina, fundada el 13 de agosto de 1931 por el presidente de facto José Félix Uriburu. También se destacó como miembro de la Academia Nacional de Historia (institución fundada en 1893). Y entre otros cargos de relevancia fue presidente de la Academia Argentina de Letras y miembro de la Real Academia Española de la Lengua; de la Real Academia de Historia; del Instituto Histórico del Perú; de la Academia de la Historia del Ecuador; del Instituto Sanmartiniano de Colombia y del Instituto de Cultura Hispánica.

 Ibarguren hablaba de politiquería irresponsable, partidocracia fraudulenta, demagogias y trampas sistemáticas. Y como consecuencia proponía un cambio de estructuras, una transformación institucional, una democracia funcional donde los distintos intereses colectivos actúen por medio de sus genuinos representantes dentro del Estado, evitando que los profesionales del comité acaparen el poder y se interpongan entre éste y las fuerzas trabajadoras del país. Ya como interventor oficial de Córdoba sostenía: "En el Parlamento puede estar representada la opinión popular y acordarse también representación a los gremios y corporaciones que estén sólidamente estructuradas. La sociedad ha evolucionado profundamente del individualismo democrático que se inspira en el sufragio universal, a la estructuración colectiva, que responde a intereses generales más complejos y organizados en forma coherente dentro de los cuadros sociales". Esta idea de fondo fue la que no dejó de abogar hasta el fin de sus días, lo que se reflejó en muchos de sus trabajos, artículos, conferencias y libros. Luego de su breve actuación como interventor no tuvo oportunidad de volver a ocupar cargo político alguno, ni siquiera durante el período de gobierno del Nacional-justicialismo, pese a identificarse con él.

  En su faceta de escritor, Carlos Ibarguren cultivó con brillantez el género ensayístico para ocuparse, dentro de sus márgenes, del estudio del pasado histórico argentino, dando nacimiento a varias obras de lectura imprescindible, entre las que conviene destacar: Juan Manuel de Rosas: su vida, su drama, su tiempo (obra publicada en 1930 y galardonada con el Premio Nacional de Literatura); En la penumbra de la Historia Argentina (1932); Estampas de Argentinos (1935); Las sociedades literarias y la revolución argentina (1937); La Reforma Constitucional, sus fundamentos y su estructura, obra monumental publicada en 1948, un año antes de que se sancionara la Constitución de 1949 en donde proyectó una nueva estructura del Estado, la cual, entre otras modificaciones -y sin excluir a los partidos políticos- postulaba la representación directa en el Congreso de las fuerzas sindicadas del trabajo y de la producción (industrial, comercial y agraria), como así también la representación de las entidades superiores de la cultura (Academias y Universidades nacionales). Otra de sus obras destacadas fueron San Martín íntimo (1950) y La historia que he vivido (1955).

  En su obra cumbre Juan Manuel de Rosas: su vida, su drama, su tiempo pretendió revisar la figura del Restaurador de la Leyes sin las pasiones ni los prejuicios del siglo anterior, esbozando un relato intimista y estudiándolo como líder político. Catalogó defectos y analizó virtudes con un evidente esfuerzo por alcanzar la imparcialidad, y todo con una escritura reposada y concisa que no ha perdido encanto con el paso del tiempo. No fue su panegirista ni su inquisidor. Y evaluándolo como político, sostuvo que Rosas era "previsor y cauteloso, no procedía sin plan meditado de antemano y adaptable a las circunstancias del momento". Se destaca en su reconocidísima obra la intención de avanzar con ecuanimidad para comprender al personaje sin apresurarse a condenarlo, incluso cuando repasa los momentos más terribles de su liderazgo. Lo va a llamar "dictador olímpico" tras su segunda ascensión al poder en 1835 con la suma del poder público como así también va a hacer referencia a la Mazorca no de manera benigna en más de una ocasión, pero siempre situando todo bajo un contexto. Por ejemplo se pregunta: "¿Cómo y por qué nace la dictadura? Ella es siempre consecuencia de la anarquía: si ésta es puramente superficial, aquélla es ocasional; pero si el desconcierto es profundo la dictadura es trascendental".

  Y a su vez sostuvo: "El poder omnipotente ejercido por Rosas -previsto por el general San Martín años antes, sin imaginar quien sería el dictador- fue el resultado necesario de la anarquía producida por la revolución de Mayo...Los campesinos alzados por sus caudillos proclamando la defensa de la religión y de la república, de la federación y del americanismo, se rebelaron contra la ciudad donde se encerraba la minoría culta, el grupo universitario, centralista y liberal, el patriciado aristocrático, la influencia europea...Rosas interpretó y dirigió, como jefe supremo, este gran movimiento; por eso su dictadura fue trascendental...".

  Carlos Ibarguren murió en Buenos Aires el 3 de abril de 1956. Noble, hidalgo, comprometido con los destinos de su país, fue sin lugar a dudas uno de los catedráticos e historiadores más importantes de nuestra historia, dejando un importantísimo legado a las generaciones futuras. Es tal como lo sostenía con claridad meridiana en su obra La Inquietud de esta Hora: “La Nación para el Nacionalismo debe formar un cuerpo fuerte, unido, disciplinado en jerarquías, aparece en el sistema demo-liberal como un conglomerado de intereses antagónicos, que luchan por predominar dentro de la débil armazón de un Estado conducido por banderías políticas que no interpretan realmente, ni representan, a los verdaderos valores sociales”. Es que para el noble y gallardo Ibarguren el Nacionalismo es poseedor de una mística y de una moral que deben servir de norte para engrandecer y elevar a la Nación.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

24/05/2017

domingo, 23 de abril de 2017

RAÚL SCALABRINI ORTIZ Y EL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


  Fue un destacado filósofo, periodista, escritor, ensayista, formador de la Conciencia Nacional y pluma prolífica del Revisionismo Histórico Argentino. Nació en la ciudad de Corrientes, el 14 de febrero de 1898. Se relacionó con el círculo de escritores que se reunían en torno a la figura del filósofo y novelista Macedonio Fernández y sus principales influencias literarias fueron Fiódor Dostoyevski, Anatole France, Edgar Allan Poe y Oscar Wilde. En la década del ’20 se vinculó al grupo literario Florida, donde conoció a Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea, entre otros. Visitó París en 1924, ciudad a la que admiraba como todos los intelectuales latinoamericanos de la época.

  Hacia 1931 publicó ‘El Hombre que está solo y espera’, una obra que le dará mucho prestigio y reconocimiento dentro de los círculos intelectuales del momento. Y con respecto a su reconocida obra señaló: “Yo realzaba en mi libro las virtudes de la muchedumbre criolla y demostraba que su valoración no debía emprenderse de acuerdo a las reglas y cánones europeos: daba una base realista a la tesis esencial de la argentinidad y sentaba la tesis de que nuestra política no es más que la lucha entre el espíritu de la tierra, amplio, generoso, henchido de aspiraciones aún inconcretas y el capital extranjero que intenta constantemente someterla y juzgarla”. Posteriormente se dedicó de lleno a la investigación socioeconómica e histórica nacional. De profesión ingeniero, agrimensor y diseñador ferroviario, realizó varios prototipos de locomotora de alta velocidad y perfil aerodinámico. Desgraciadamente, esos proyectos no llegaron a contar con apoyo institucional.

  Con el inicio de la “Década Infame” ingresó resueltamente en el análisis y la crítica de la realidad nacional. Hacia 1932 comenzó el estudio de los problemas económicos del país, con pruebas, documentaciones y sosteniendo firmemente lo que muy pocos veían, que la Argentina era una colonia inglesa y que los principales resortes económicos estaban en sus manos. También realizó un estudio detallado del pacto Roca – Runciman (de mayo de 1933) por el cual la oligarquía argentina se sometió vergonzosamente a los dictados ingleses para poder seguir vendiendo la carne a Inglaterra entregando todos los recursos nacionales a los deseos británicos. En sus estudios llegó a desentrañar con claridad meridiana toda la red de dominación británica que comenzaba con los ferrocarriles, continuaba con los frigoríficos y terminaba con los seguros y barcos británicos para concluir la ruta de la carne argentina en un sistema que sólo beneficiaba a unos pocos argentinos y a muchos británicos. Todo este sistema se completaba con el regreso de los barcos cargados de manufacturas inglesas que ahogaban e impedían el desarrollo de una industria nacional.

  Formó parte, junto con otros intelectuales, de la revolución radical yrigoyenista de enero de 1933 (en pleno gobierno del conservador anglófilo General Agustín P. Justo). Una revolución dirigida por el teniente coronel Gregorio Pomar que terminó sofocada sangrientamente. De esta manera fue llevado detenido a la Isla Martín García, y luego debió optar por el obligado exilio o la prisión de Ushuaia. Finalmente, fue desterrado a Europa. Poco antes de partir se casó con Mercedes Comaleras, el 23 de enero de 1934, debiendo concurrir al Registro Civil esposado y en compañía de la policía. El primer destino de su exilio fue Italia, donde permaneció por corto tiempo, para luego dirigirse a Alemania. En este país publicó una serie de artículos, que luego aparecieron en Argentina en ‘La Gaceta del Sur’ y luego conformaron el libro “Política británica en el Río de la Plata”, una de sus grandes obras. En las primeras hojas de este libro había escrito: “El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Este libro no es más que un ejemplo de estas falsías”.

  Recién hacia fines de 1934 pudo regresar al país junto a su esposa. Al año siguiente comenzó a colaborar en el semanario ‘Señales’, cuestionando desde este medio el sistema entreguista que dominaba al país y que empobrecía a la mayoría del pueblo argentino. Y fue precisamente en este semanario donde conoció a Arturo Jauretche, por entonces un joven radical yrigoyenista con quién entabló una amistad que perdurará hasta su muerte. Se incorporó a FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), una corriente interna creada en 1935 dentro de la Unión Cívica Radical por Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo, el militar Luis Dellepiane, Homero Manzi, Darío Alessandro y otros. En tal sentido realizó numerosas conferencias sobre temas relacionados con la dependencia argentina y sobre cómo se mueven los hilos del poder económico del país. Su tema principal fueron los ferrocarriles ingleses, a los que considera claves para el funcionamiento colonial. En su visión, los rieles del ferrocarril fueron una inmensa telaraña metálica donde está aprisionada la República. A su vez redactó los famosos Cuadernos de FORJA, donde abordaba magistralmente esos temas centrales de la dependencia argentina: los ferrocarriles, el endeudamiento financiero y el petróleo. En 1940 publicó sus dos obras más sobresalientes: ‘Política británica en el Río de la Plata’ ‘Historia de los ferrocarriles argentinos’. También demostró el efecto nefasto del endeudamiento externo, investigando el escandaloso endeudamiento del país a instancias de Bernardino Rivadavia en 1824 y a favor de la financiera inglesa Baring Brothers.

  Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 fue un firme sostenedor de la neutralidad argentina en la guerra, haciendo precisamente de la neutralidad una bandera en defensa de la Soberanía Nacional. Y en tal sentido, endeudándose y arriesgando su patrimonio familiar publicó el diario ‘Reconquista’, que dio a la luz el 15 de noviembre de 1939. Pero Scalabrini no pudo sostener económicamente ‘Reconquista’ y luego de tan sólo 41 días de vida lo tuvo que cerrar. Siempre de espíritu crítico, libre e independiente, hacia febrero de 1943 se alejó de FORJA. Presenció maravillado el 17 de octubre de 1945 expresando para el recuerdo: “Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción de terremoto” “Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.

  Acompañó al peronismo en el poder, y de hecho siempre tuvo un contacto muy fluido con el Líder de los trabajadores, aunque siempre con su inamovible espíritu crítico, bregando de manera incansable por la nacionalización de los ferrocarriles, lo que el Nacional-Justicialismo implementará en histórica medida. Nunca aceptó cargos. Y con el derrocamiento del General Perón en 1955 fue un ferviente opositor de la autodenominada Revolución Libertadora en la que veía el retorno al poder de las oligarquías que se beneficiaban de la dependencia económica de la Argentina, criticando las medidas del gobierno de facto que consideraba un retroceso y apoyando una salida democrática. Inclusive dirigió el periódico ‘El Líder’, que fue inmediatamente clausurado por la dictadura de Aramburu, y posteriormente ‘El Federalista’, que también tuvo una corta vida. El fracaso del levantamiento del General Juan José Valle en junio de 1956 y su posterior fusilamiento le causó una gran conmoción y deterioro en su físico. Desde la revista ‘Que’ realizó una nueva difusión de su ideal nacionalista, siguiendo cuestionando la política entreguista de la Revolución Libertadora. Recluido al final de su vida en su biblioteca, falleció de cáncer de pulmón el 30 de mayo de 1959.

 Raúl Scalabrini Ortiz fue sin lugar a dudas uno de los grandes referentes culturales que ha luchado permanentemente por el fortalecimiento de una Conciencia e Identidad Nacional, y que ha desnudado las implicancias del colonialismo británico en nuestro país. Uno de los exponentes más lúcidos del Revisionismo Histórico Argentino. Y como tal nos deja un importantísimo legado al afirmar: “Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

23/04/2017

miércoles, 15 de marzo de 2017

ERNESTO PALACIO Y SU GRAN APORTE AL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


  Docente, abogado, periodista, ministro y diputado nacional, fue uno de los historiadores más importantes surgidos de la Escuela del Revisionismo Histórico en nuestro país. Sin lugar a dudas una de las eminencias historiográficas más brillantes que ha batallado desde la honestidad intelectual con el fin de esclarecer sobre nuestro pasado nacional -tan tergiversado por la Historia Oficial- y así poder re significar un presente.

  Hijo de Alberto Palacio y de Ana Calandrelli, y hermano del dibujante Lino Palacio, nació un 4 de enero de 1900 en el Partido de General San Martín. En 1919 ingresó a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires para estudiar abogacía, egresando en 1926. Enseñó Historia Antigua e Historia Argentina en la Escuela Comercial de Mujeres, entre 1931 y 1938; Geografía en el Colegio Justo José de Urquiza, e Historia de la Edad Media en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, entre 1931 y 1955. En la función pública se desempeñó durante los años 1930/1931 como ministro de Gobierno e Instrucción Pública de la Intervención Nacional en San Juan.

 En su obra “Alianza Libertadora Nacionalista”, su autor Edgardo Atilio Moreno expresa: “Estrictamente hablando, el nacionalismo argentino nació en 1927 cuando los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, junto con Ernesto Palacio y César Pico, entre otros, fundaron el periódico La Nueva República”. Sin lugar a dudas, y más allá de ciertos personajes oportunistas que no faltaron, este periódico sentó las bases de un nacionalismo embrionario, que con el paso de los años cobró mayor forma y consistencia desde lo doctrinario. La publicación llevaba por subtítulo “Órgano del nacionalismo argentino”, y el cuerpo estable de redactores estaba integrado por Rodolfo Irazusta como director, Palacio como jefe de redacción y Juan Carulla y Julio Irazusta como redactores permanentes

 Palacio escribió asiduamente en La Nueva República basando su línea de pensamiento en las ideas de Leopoldo Lugones. También editó el semanario Nuevo Orden, que tuvo su primera aparición en julio de 1940. A su vez fue uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, en 1938, y miembro de la Comisión Directiva del mismo. Posteriormente fue diputado nacional durante los dos primeros gobiernos peronistas, adhiriendo al Nacional-justicialismo, y ejerciendo además la presidencia de la Comisión de Cultura.

  A mediados de 1948 Palacio pronunció en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires su disertación El Realismo Político, que fue la base de su libro Teoría del Estado publicado un año después. En su visión, la realidad política es independiente de los sistemas de gobierno. Luego de preguntarse dónde se encuentra el poder y si en la monarquía la ejerce el rey o si en las democracias el pueblo, responde que “cualquier observador un poco atento de los fenómenos políticos deberá reconocer que la realidad histórica de los Estados rara vez corresponde a las categorías aristotélicas, y que hay aparentes monarquías absolutas que presentan rasgos acusados de oligarquía, democracias aparentes que son despotismos encubiertos, supuestas tiranías que se caracterizan por la debilidad del titular, instrumento dócil de camarillas militares o plutocráticas”.

  Luego del Golpe de Estado que el 16 de septiembre de 1955 derrocó al General Perón (la autodenominada Revolución Libertadora), fue proscripto y perseguido. Leopoldo Marechal, el reconocido poeta, dramaturgo, novelista y ensayista argentino, autor de Adán Buenosayres, una de las novelas más importantes de la literatura argentina del siglo XX, describió al historiador revisionista como un “triunfante al haber impuesto su mentalidad a todo el mundo”. Palacio fue autor de La Inspiración y la Gracia (de 1929); El Espíritu y la Letra (de 1936); Historia de Roma (de 1939); La Historia Falsificada (de 1939); Catilina. La Revolución contra la Plutocracia en Roma (de 1945); Teoría del Estado (de 1949); y su Historia de la Argentina 1515-1938 (sin lugar a dudas su obra cumbre que vería la luz en 1954).

  En esta última y extraordinaria obra Palacio afirma de manera contundente y categórica lo siguiente: “La historia  ha de ser viviente, estimulante, ejemplarizadora, o no servirá para nada… Domina en nuestro país la falsa idea de una historia dogmática y absoluta, cuyas conclusiones deben acatarse como cosa juzgada, so pena de incurrir en el delito de leso patriotismo. Aquí se ejercita un verdadero terrorismo de la ciencia oficial, por medio de la prensa, la universidad y la enseñanza media. Su consecuencia es el estancamiento de la labor  histórica, cuyo corolario es un oscurecimiento cada vez mayor del sentimiento nacional, ya que las nuevas generaciones no encuentran, en el esquema heredado de sus padres y abuelos, los estímulos y lecciones que aquellos encontraron para la realización de su destino cívico…”.

  En otro apartado de La Historia Falsificada señala: “La Historia convencional, escrita para servir propósitos políticos ya perimidos, huele a cosa muerta para la inteligencia de las nuevas generaciones. Ante el empeño de enseñar una historia dogmática, fundada en dogmas que ya nadie acepta, las nuevas generaciones han resuelto no estudiar historia, simplemente. Con lo que llevamos algo ganado. Nadie sabe historia, ni la verdadera, ni la oficial”.

  Haciendo alusión a la Historia Oficial sostiene: “Fraguada para servir  a los intereses de un partido dentro del país, llenó la misión a que se la destinaba: fue el antecedente y la justificación de la acción política de nuestras oligarquías gobernantes, o sea el partido de la civilización. No se trataba de ser independientes, fuertes y dignos; se trataba de hacernos en cualquier forma, de seguir dócilmente las huellas de Europa. No de imponernos, sino de someternos. No  de ser heroicos, sino de ser ricos. No de ser una gran nación sino una colonia próspera. No de crear una cultura propia, sino de copiar la ajena. No de poseer nuestras industrias, nuestro comercio, nuestros navíos, sino de entregarlo todo al extranjero y fundar, en cambio, muchas escuelas primarias donde se enseñara, precisamente, que había que recurrir a ese expediente para suplir nuestra propia incapacidad. Y muchas Universidades, donde se profesara como dogma que el capital es intangible y que el Estado es mal administrador”.

  Y siguiendo con La Historia Falsificada, y ante la disyuntiva de que debemos hacer, Palacio sostiene: “Hacer nuestro destino. Fácil es decirlo; pero, ¿estamos preparados para ello? Obrar sí, pero, ¿en qué sentido? Una nación obra válidamente en el sentido que la determina su propia índole, prescrita en su historia. Para hacer, hay que ser”. Es decir, desde un punto de vista filosófico, para el autor el problema de las cosas que hacemos siempre va a estar condicionado o subordinado por el problema de lo que somos. Y si no no sabemos lo que somos es precisamente porque ignoramos muchas cosas y tal como él lo señala “porque se nos ha confundido deliberadamente sobre nuestros orígenes y no sabemos ahora de dónde venimos”.

  Sin lugar a dudas su pensamiento fue muy iluminado, y como tal fue un eximio formador de la Conciencia e Identidad Nacional. Sus palabras cobran una vigencia total si analizamos la realidad actual de nuestro país. Ernesto Palacio falleció en la ciudad de Buenos Aires a los 78 años, un 3 de enero de 1979. Y al despedir sus restos mortales, el Dr. Julio Irazusta (otra de las grandes plumas prolíficas que ha dado el Revisionismo Histórico) lo calificó directamente como “el mejor dotado de todos los escritores de nuestra generación”Vaya reconocimiento.

  En estos tiempos de tergiversación historiográfica, de amarillismo y manipulación mediática, de cinismo y demagogia de la dirigencia política gobernante, de colonialismo hacia el Nuevo Orden Mundial y de historias falsificadas, el insigne historiador nos deja como legado un reencontrarnos a nosotros mismos a través de la comprensión de nuestro pasado nacional. Ya lo decía con claridad meridiana en su monumental obra Historia de la Argentina: “Este libro ha sido escrito con la preocupación obsesiva por nuestro destino. ¿Para qué, si no, serviría la historia? Cuando no se buscan en ella los signos de una vocación, queda reducida a simple pasatiempo erudito, o a pretexto de canonjías burocráticas. La función del conocimiento histórico consiste en iluminar los caminos del porvenir".



  Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

15/03/2017

sábado, 4 de febrero de 2017

JOSÉ MARÍA ROSA Y LA DIFUSIÓN DEL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


  Abogado, historiador, diplomático y catedrático, fue una de las plumas más prolíficas y consideradas de la denominada Escuela del Revisionismo Histórico. Nació en la ciudad de Buenos Aires el 20 de agosto de 1906, en el seno de una familia tradicional. Su bisabuelo, Vicente Rosa, había llegado desde España en 1828 y se destacó como director de aduanas durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas (1829 – 1832). Fue nieto del Dr. José María Rosa, ministro de Hacienda del general Julio Argentino Roca durante su segunda presidencia (1898 – 1904).

  José María Rosa residió en sus comienzos en la provincia de Santa Fe. En 1931 contrajo matrimonio con María Luisa Julia Delfina Bunge, con quien tuvieron tres hijos y una hija, José María, Eduardo Manuel, Juan Ignacio y Lucila. Dos años después se doctoró en derecho en la Universidad de Buenos Aires y bajo la tesis ‘Orígenes místicos del Estado’. En Santa Fe y junto a otros colegas fundó en 1938 el Instituto de Estudios Federalistas, dictándose conferencias y estableciéndose lazos con instituciones similares dentro y fuera del país, mostrando ya que se debía revisar la historia, como así también abordarla desde un costado social. Se destacó como docente secundario y universitario, por ejemplo en diferentes cátedras en las universidades nacionales del Litoral (provincia de Santa Fe), para proseguir posteriormente en La Plata y Buenos Aires.  

 El 8 de agosto de 1938 se fundó el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (institución oficial desde 1997 bajo el nombre Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas). En esta prestigiosa institución confluyeron intelectuales revisionistas de verdadero renombre: Julio Irazusta, Ernesto Palacio, Ramón Doll, Manuel Gálvez. Rosa colaboró desde 1941 en la revista de dicha institución como así también en diferentes publicaciones. Dictó varias conferencias, algunas de las cuales llevaron por título: “Aniversario de la suma del poder público”; “Los jefes del partido popular: Soler 1815-1820, Dorrego 1820-1828 y Rosas 1829-1852” y “¿Por qué fue condenado Rosas?”. En la Revista del Instituto escribió entre otros artículos: “Don Bernardo de Irigoyen”; “Los heterodoxos argentinos: Pequeña biografía de Salvador María Del Carril”; “Rosas y la República Independiente de Río Grande (1836-1845)”.

  Hacia 1945 se trasladó definitivamente a Buenos Aires, y luego de formar parte de la gesta nacional y popular del 17 de Octubre se enroló en la Alianza Libertadora Nacionalista, movimiento que apoyó al peronismo inclusive con una fórmula electoral propia. En 1951 asumió como presidente del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y tres años después contrajo matrimonio con Ana María Rocca, con quien tuvo un hijo llamado Vicente.

  Con el derrocamiento del General Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955 su labor docente fue abruptamente interrumpida expulsándoselo de sus cátedras. Formó parte de la Resistencia Peronista, siendo detenido por espacio de 70 días para luego formar parte activa del fracasado levantamiento cívico-militar del 9 de junio de 1956, razón por la cual se exiliará primero en Uruguay y luego en España. En la Memoria del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (Revista Nº 17, pp. 102-103) se hace una aclaración preliminar sobre la detención de Rosa y la persecución a esta entidad por parte de la dictadura pro-británica: “Debe decirse que le fue prohibido al Instituto la realización de sus conferencias, que las pocas que pudieron llevarse a cabo fueron atentamente controladas por la policía y que en determinados momentos se tuvo la sensación, la certeza casi, de que la entidad podría ser intervenida o clausurada. Cabe mencionar aquí la prisión a todas luces injusta de que fue objeto el presidente, Dr. Rosa, y que –como se desprende de lo públicamente declarado con posterioridad por él–, fue motivada exclusivamente por su posición personal en materia histórica… a partir de los últimos días del año 1955, las actividades del Instituto quedarán prácticamente reducidas a la sola atención del público y despacho de la correspondencia”.

  Fue precisamente en el destierro donde se dedicó a seguir investigando sobre nuestro pasado nacional accediendo a diferentes archivos y bibliotecas extranjeras. Formó parte de la comitiva que acompañó al general Juan Domingo Perón en su regreso a la Argentina, el 17 de noviembre de 1972. Y tras la victoria electoral nacional-justicialista del 23 de septiembre de 1973, Rosa fue designado por Perón como embajador en Asunción del Paraguay. Y luego del fallecimiento del presidente en ejercicio fue designado embajador en Atenas, cargo que ejercerá hasta el 24 de marzo de 1976. Con el advenimiento del auto-denominado ‘Proceso de Reorganización Nacional’ sus libros empezarán a ser retirados de las bibliotecas. Bajo este contexto va a fundar la revista nacionalista Línea, que se expresará como la única voz disidente en esos tiempos aciagos que asolaban al país y cuya frase de cabecera rezaba “la voz de los que no tienen voz”. Los militares buscaron todos los medios para acallarlo, desde el secuestro de la revista hasta innumerables juicios entablados en su contra.

  Entre sus obras más destacadas se encuentran: “Defensa y pérdida de nuestra Independencia Económica”, una obra clave publicada en el año 1942 que contraponía los efectos negativos del liberalismo económico en nuestro país (liberalismo unitario y pro-inglés) con los efectos positivos del proteccionismo económico nacionalista en tiempos de la Confederación Argentina. A su vez, en esa década del ’40 saldrían a la luz “Artigas, prócer de la nacionalidad”, un libro reivindicatorio del Protector de los Pueblos Libres (sin lugar a dudas una de las figuras más eminentes que ha dado el proceso emancipatorio en el Río de la Plata). En la década del ’50 dejaría obras importantísimas como “La misión García de 1815 ante Lord Strangford”; “El cóndor ciego”. Con su libro “La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas” Rosa va a ser muy conocido en Paraguay, siendo invitado a dar asiduas conferencias y asistir a eventos relacionados con el prócer Francisco Solano López. Otras de sus obras destacadas fueron “Del municipio indiano a la provincia argentina”; “Nos, los Representantes del Pueblo” y “La Caída de Rosas”. Posteriormente daría a la luz “Rivadavia y el imperialismo financiero”. A su vez, su célebre “Historia de la Argentina” aparecería en trece tomos, entre 1964 y 1980, siendo considerada una de las mayores obras monumentales que haya dado el revisionismo histórico argentino.

  José María Rosa murió el 2 de julio de 1991 en la ciudad de Buenos Aires. Sin lugar a dudas fue una de las plumas más prolíficas y eminentes que ha dado la Escuela del Revisionismo Histórico Argentino. De moral intachable, de porte inquebrantable, de compromiso firme y decidido para con los destinos políticos de la Argentina, fue un verdadero patriota de ley. ¿Cuál fue su mayor legado? En primer lugar ha trabajado con archivos y piezas documentales inéditas para la época, y a través de fuentes verídicas nos hizo ver que es fundamental para comprender nuestro pasado nacional develar la trama y el rol de los diferentes imperialismos de turno, como en su momento fue el caso de Inglaterra, Francia, Brasil y EEUU. En segundo lugar, contribuyó enormemente a la formación de una conciencia nacionalista en el ámbito político, económico, social y cultural, como así también fue un denodado defensor de unidad hispanoamericana.

  En estos tiempos de tanto servilismo a los poderes mundiales –por obra y gracia de una partidocracia tan corrupta como entreguista– las obras historiográficas de José María Rosa cobran más vigencia que nunca. Es como lo señala con claridad meridiana en “Defensa y pérdida de nuestra independencia económica” cuando afirma: “Una de las curiosas paradojas del liberalismo es que sirvió para enajenar nuestra libertad. Ni la Argentina puede usar hoy, en pleno goce de su soberanía, ni los argentinos somos dueños de una parte suficiente, siquiera, de la riqueza de nuestra tierra. Dejando aparte las frases hechas ¿qué papel real desempeñamos nosotros en nuestra patria? ¿Tenemos en realidad patria?".

   Y como corolario final de esta esclarecedora obra sostiene: “En los años actuales comprendemos que es necesario, imprescindible, para mantener y consolidar la independencia política, que se haya logrado juntamente con la sana afirmación del espíritu nacional, una suficiente independencia económica. Todo lo demás es literatura”.



 Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
Conductor del programa radial partidario “Estirpe Nacional”.

04/02/2017